Llora con losa de tumba la tarde con sol,
mirándome en su vagar los ojos de una mujer.
Me colma la sonriente belleza que se aminora
en el claroscuro ventanal, dulce y hundida de ayer
y tanta luminosidad que podría ser de lluvia.
Porque todo ello me colma de tanto bien
pero no fue de lluvia su mirada abandonada,
sonrío la gloria de la muerte y sus crepusculares
ocasos al desencanto, cuando esa llama,
la de ellas, se hunde en una boca de oscuridad.
¡Pidiera un instante al otoño que no se fuera
y tras una torre de lluvia me mirara extraviada!
Una vida afable con un horizonte de ventanas.
Vivir el misterioso derrumbe de ellas asomadas.
sábado, 30 de junio de 2012
jueves, 17 de mayo de 2012
Suavísimo rasgo...
Suavísimo rasgo propaga
intensamente dormido en la lumbre.
Me mira para mirar la anochecida
y regresa para regresar al nombre.
Se abate juntamente a la llamarada,
deslizándose de la cumbre
del fuego a otra patria,
conociéndome pero olvidándome.
Fuerzas caen sobre mí
que quieren elevarse del nombre.
¿Podré pisar al fin
mi patria que es su carne?
La llamo, pero mi voz no acude,
y quedo solo con una realidad bestial,
pleno de pura maldad,
feliz en su voluptuosidad imposible.
intensamente dormido en la lumbre.
Me mira para mirar la anochecida
y regresa para regresar al nombre.
Se abate juntamente a la llamarada,
deslizándose de la cumbre
del fuego a otra patria,
conociéndome pero olvidándome.
Fuerzas caen sobre mí
que quieren elevarse del nombre.
¿Podré pisar al fin
mi patria que es su carne?
La llamo, pero mi voz no acude,
y quedo solo con una realidad bestial,
pleno de pura maldad,
feliz en su voluptuosidad imposible.
lunes, 14 de mayo de 2012
Verdeará en el ejido...
Verdeará en el ejido
cuando nos digamos adiós.
Ocultará la primavera
la desesperación del trovador
que no sabrá
que fue la voz del ruiseñor
la que sosegó la tarde.
Pensará que su relato rejuveneció
como palabra fresca
o como pasto de Dios.
Tanto amor costeará
que dirá que regaló
él sólo la primavera.
Y aunque fuera del ruiseñor
la melancolía
que verdeció la estación,
terqueará con el entorno
que fue un adiós lo que cantó
de su membranosa garganta.
Lo que sosegó la tarde
y la palabra que perjuró,
tan imperfecta y tan llena.
cuando nos digamos adiós.
Ocultará la primavera
la desesperación del trovador
que no sabrá
que fue la voz del ruiseñor
la que sosegó la tarde.
Pensará que su relato rejuveneció
como palabra fresca
o como pasto de Dios.
Tanto amor costeará
que dirá que regaló
él sólo la primavera.
Y aunque fuera del ruiseñor
la melancolía
que verdeció la estación,
terqueará con el entorno
que fue un adiós lo que cantó
de su membranosa garganta.
Lo que sosegó la tarde
y la palabra que perjuró,
tan imperfecta y tan llena.
sábado, 28 de abril de 2012
Con tu risa...
Con tu risa, oh vida, me sobra.
Y si se humedecieran todas mis bocas,
ensalivadas y feroces
de esa avidez buena de las rocas,
ríe porque me quitarías el incendio
que arde en todas mis auroras.
Ríe porque desobedezcan todas
las inocencias y mucosas.
La eternidad seda como el aliento
de una mujer. Y si ríes alguién llora,
sorprendido de que la felicidad
no travesea ni escorza.
¡Oh, vida que ríes para mí!
¡Oh, complacencia pomposa!
Ríe aunque el intruso poeta
no te esperara tan hermosa.
Ríe aunque piensen los hombres
que eres perpetuamente ruborosa.
Y si se humedecieran todas mis bocas,
ensalivadas y feroces
de esa avidez buena de las rocas,
ríe porque me quitarías el incendio
que arde en todas mis auroras.
Ríe porque desobedezcan todas
las inocencias y mucosas.
La eternidad seda como el aliento
de una mujer. Y si ríes alguién llora,
sorprendido de que la felicidad
no travesea ni escorza.
¡Oh, vida que ríes para mí!
¡Oh, complacencia pomposa!
Ríe aunque el intruso poeta
no te esperara tan hermosa.
Ríe aunque piensen los hombres
que eres perpetuamente ruborosa.
viernes, 20 de abril de 2012
Si me rozaran con su blancura...
¡Si me rozaran con su blancura!
Ya vuelven de dilatados jardines
emitiendo en sus temblorosas melenas
la razón de los jazmines.
Vienen por fijadas veredas
a donde tienen que prenderse.
Y se anclan, ciegas,
a las casas en su portada
como larvas acabadas.
¿Sabes de qué los hogares llenan?
Brumas hay también, hermano,
rellenando las esquelas.
¿Vas a dejar que se consuma
este quehacer tan viejo que centellea
de nevada y de aroma?
Espérate. Tengo que decirte algo.
Espérame. ¡Vuelve ya la blancura!
Ya vuelven de dilatados jardines
emitiendo en sus temblorosas melenas
la razón de los jazmines.
Vienen por fijadas veredas
a donde tienen que prenderse.
Y se anclan, ciegas,
a las casas en su portada
como larvas acabadas.
¿Sabes de qué los hogares llenan?
Brumas hay también, hermano,
rellenando las esquelas.
¿Vas a dejar que se consuma
este quehacer tan viejo que centellea
de nevada y de aroma?
Espérate. Tengo que decirte algo.
Espérame. ¡Vuelve ya la blancura!
martes, 17 de abril de 2012
Sonríe el agua...
Sonríe el agua en mi pecho.
Nado. Mi pecho sólo sabe que es agua
que sonríe, que trasnocha
en una noche en que todo me ama.
Ya estoy tan lejos
que no podría pensar en mi casa,
que olvido. Tampoco puedo recordar
a quién amaba.
No me abandona el animal
ni su costumbre de ofrendar
la vida a mi lado.
Sigo nadando. Voy a entrar
en un amanecer de invierno.
Sé que no me espera ningún mal.
A lo lejos, se dilata
el horizonte espectral.
¡Cuánta belleza nos sosiega a mí
y al mudo animal!
Sonríe el agua reservada a mi pecho.
La misma benignidad del agua que sueño,
tiene la sangre de mi animal.
Nado. Mi pecho sólo sabe que es agua
que sonríe, que trasnocha
en una noche en que todo me ama.
Ya estoy tan lejos
que no podría pensar en mi casa,
que olvido. Tampoco puedo recordar
a quién amaba.
No me abandona el animal
ni su costumbre de ofrendar
la vida a mi lado.
Sigo nadando. Voy a entrar
en un amanecer de invierno.
Sé que no me espera ningún mal.
A lo lejos, se dilata
el horizonte espectral.
¡Cuánta belleza nos sosiega a mí
y al mudo animal!
Sonríe el agua reservada a mi pecho.
La misma benignidad del agua que sueño,
tiene la sangre de mi animal.
domingo, 1 de abril de 2012
Es un adiós de mujer...
Es un adiós de mujer
que se aleja en la blandura
de un sólo silbo
que estira la llanura.
Se recrean las bisagras,
se estrecha la huida
de los quicios,
ronquea la cerradura.
El Edén caído,
toda la verdura
que se puede deshabitar,
en el suelo es una quemadura.
Mancebo de cucarachas
es el hombre de arcilla.
Y el adiós inexplicable
flota como una verdad nocturna,
que es amable
como moribumda,
en la noche en que se rompen
amada contra el amado,
columna contra columna.
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