En mí no hay
más que agua fresca,
el dolor de
abrirse camino,
un cielo
endiabladamente bello
que miro y
me ruboriza, el torbellino
de gloria sepulta
que embriaga, tan aborrecida
cuando mi
beso disemino
y parece
estridencia,
la frescura
que me despierta cuando miro
cuán ahogado
de mundo estaba
mi pobre
amigo, yo,
que
recientemente hago la vida conmigo.