No era
triste verla alejándose en una tierra solitaria,
humildemente
sonriendo a las canciones.
Era el
cansancio del animal que ha dormido,
que vuelve
oscuro a sus soleadas extensiones,
mimosamente
pasivo en su misterio,
la eclosión
diurna, los breves gorriones,
la paz que
pasa por tu lado precipitada
como el agua
del cielo sin grieta de imperfecciones,
y una luna
mansa que espera a la noche
y duerme en
el olvido de borrosos presentes.