viernes, 28 de marzo de 2014

Está latiendo mi corazón...

Está latiendo mi corazón dichoso. La hermosura a mí alrededor me conmueve. La calles de mi ciudad desfallecen en la lejanía de una imposibilidad de continuar agradándome con alas, con el vino que las sumerge en la somnolencia, con el sol de la tarde. No me canso de contemplar la agonía de sus despoblados itinerarios. Arde en mí un fuego de extensiones rotas por la soledad. Vibra un violín. Mientras, una viuda en su dormitorio se coge a su sexo. ¿Es esto un cementerio de muertos olvidados? ¿No saben todos los hombres que la felicidad ha cruzado presurosa por aquí? Una joven dice adiós con la mano y vuelve a correr los visillos. No hay nadie allá fuera, y por eso la mano que dice adiós tiene la brusquedad de una canción de amor interrumpida. Y aparecen espejismos de muchos adioses. Y parece que la ciudad entera quiere llenarse de adioses.

jueves, 27 de marzo de 2014

No me acostumbro...

No me acostumbro a los árboles, al levante con sol, al cuarto de dormir. Todo es inaudito. Mis gratos recuerdos los han cambiado. La infancia no es mi infancia. Parece no mía o la de otro que vendió su testa. Vuelvo la vista atrás sabiendo que encontraré más soledad que en este poderoso presente. La infancia huele a axila. Es una obesa sudando que tuviera que besar. Molesta volver la vista y encontrar a un niño que no sabe nada de este llanto que incomprensiblemente almacenamos. En las postrimerías vendemos barato nuestro caudal de recuerdos sentados al sol, hablando solos en un banco, y, al anochecer, sólo las prostitutas nos reconocen como competidores en besar con asco y generarlo. Vendrá la muerte un día jodiendo el rayito de sol en la cabeza, tan incomprensible, tan admirada de nuestra mansedumbre abriéndole los brazos, que se pensará que no hemos puesto todo el corazón en cada acto de vivir, en tratar de comprender nuestra idiota historia en el mundo. Y el amor con que hemos amado nuestro único tesoro que nos lo arrebatan y que nos ajustician.

lunes, 24 de marzo de 2014

Tengo una palabra de paz...

Tengo una palabra de paz que quiero ofrecerte. Mi palabra la llevo encerrada en el corazón, abrigada en el pecho donde suben sus humores a la garganta. Mi palabra es mi paz que yo te doy. Mi voz, que oí una vez siendo niño, y no ha sido aún entregada al mundo, puede comerse porque es mi palabra de paz y carne de alma. Yo sé que amarás mi palabra porque mi palabra soy yo. Cuando me mataron dejaron uno de mis yos en pie. Él está dentro de mi boca y no hay otro. Por mi boca pasaron tantas palabras engañosas que tuve que elegir entre una para ofrecértela. Mi boca es mi alma rescatada del artificio y del infierno, mi palabra que ya camina hacia ti con el esfuerzo de la brisa.

sábado, 22 de marzo de 2014

Soy mi precepto de vivir...

Soy mi precepto de vivir. Él me empuja hacia mi amante, a orar, a la subsistencia. Yo no sé si la rosa es mayor que yo. Pero los hombres creen en la carne sin duda, y se contemplan envejeciendo en el espejo. Hoy me mira la noche estrellada, me mira obstinadamente, con duros preceptos de existir. No llegaremos nunca a mirarnos frente a frente, lo sé. Ando rodeado de cosas inconmensurables y magníficas. No creeré fácilmente en la eternidad. Yo, tan incompleto, ¿iba a ser un privilegiado? ¡Qué ganas de rendirme cuando me dicen que se perderá mi rosa un día!

miércoles, 19 de marzo de 2014

No sé qué me equivoca...

No sé qué me equivoca. A veces creo que debería llorar cuando estoy alegre, a veces me echo al camino y estoy cansado. Yo no entiendo por qué lloro y ando. Es poco lo que sé de mí. Mi tiempo sobre la Tierra se ha cubierto y ando pensando qué me llevo. Algunos días, no tengo ganas de andar, no tengo ganas de llorar, pero esto es lo único que me sucede y me gusta. Sospecho que no he entendido nada, aunque ya había empezado a enamorarme de la vida, y de esta manera me marcho. Dentro de muchos años tal vez digan de mí que anduve mucho y lloré demasiado. No sé.

viernes, 7 de marzo de 2014

Sonrisa...

Sonrisa que tiene un sol escondido,
que se acerca campos y campos alcanzándome,
y que no abraza mi espalda
con brazos tercos cerrándose.
Al sudor se parece rehuyendo,
en una lejanía invisible y rara, sus amores,
durmiendo mientras calla
la plata de un amanecer torcido de resplandores.
Mujer, ya tienes las manos feas,
pero tu sonrisa… ¡cómo sube tu sonrisa a las difusiones!
Tu sonrisa es para nosotros dos suelo
que perturbamos la distancia, y la disuade
con los perros de un moribundo amor eterno.

lunes, 24 de febrero de 2014

Mi corazón trasnochando...

Mi corazón trasnochando
y gozando las luminarias, pensaba
que sería su hogar,
no mi pecho, la mañana.
Dos ojos se lo confiaron.
Le dijeron, también, que al alba
serían tus brazos mi casa.
Y miré la aurora dos veces:
la primera cuando asomaba,
y la segunda, porque ya no la veía,
buscándola dentro del alma.
¡Mi corazón pequeño
qué poco sabía de nada!
Los dos ojos y el cielo lo equivocaban,
y el alba huyó, avanzando solitario.
Iba mi corazón de mañana
a cuestas con su desengaño.