Estoy viviendo si permito
que me canséis el corazón. Poemas que maltratan, poemas que oxigenan, poemas que
hienden las cosas. No hay camino que lleve hasta el espíritu agotado que esta
manera de sembrar en el viento. Más allá de mi morada, la poesía se tiende en
el horizonte ungido. Y aunque sé que todo fue milenariamente rasgado por las
espadas, yo he dejado en ella un tramo de mi vida. El velo de mi templo se ha agrietado
en dos partes. Ayer o anteayer comenzó la simpleza de vivir acompañado de verbos
que profundamente laceraban la piel. Y
sé que muchos vocablos se han deteriorado por un castigo impío. El tiempo se
precipita rápidamente. Ayer o anteayer observé mis flores retoñar. Mi alegría
no me ha permitido percibir otra cosa que a ellas.
lunes, 2 de febrero de 2015
viernes, 2 de enero de 2015
Acaríciame las mejillas...
Acaríciame las mejillas como a una novia, padre sol, demórate en mi
rostro cuando me vacíe de credulidades y beba yo de tu secreto renovada la
quimera que me instiga. Que en mi fragilidad esté siempre el corazón sencillo
que parte el pan cotidianamente. Y hazme alma de tu mirada evidente y haz razonamiento
descalzo de mi pobreza. Que confundido ore arrodillado aquí abajo sin
despreciarte, yo que siempre había dormido mientras excitabas mi frente y
repudiaba tu mensaje extensísimo; padre sol que destapas el secreto de la vida para
oscurecernos la sabiduría.
domingo, 28 de diciembre de 2014
Hasta el vientre manantial...
Hasta el vientre manantial, hasta el beso cerrado de la vida. Llego
cuando el horizonte me colma de luminosos ojos claros la llegada. Por mi vereda,
que es sencilla, que es el alma de un pájaro que no huye de los inviernos y es acariciado
por el sol gravemente caído hacia el sur. Veréis la ofuscación que me ciñe y
más abajo el mar que siempre he temido. No sé… Traigo una herida en el pecho y
voy sangrando en medio de esta preciosa tempestad que me agita. La tensión de
mi arco, considerarla porque sobrevivirá a mí. En el viento dejo una mirada
excesiva cual látigo. Veréis que he estado siempre entre vosotros. Veréis que
se pueden leer mis ojos en todos los ojos. Y veréis en ellos que la raza humana
engendra a sus hijos para la tempestad y la iracunda inmortalidad.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Ayer soñé...
Ayer soñé que estaba amando. Era de noche y brillaba mi cuerpo enfermo
de luna en lo oscuro. ¡Cosas del adormecido! Cuando llegó la mañana, estaba
muerto mi sueño y yo seguía soñando, ya despierto de mi sueño de rosas rojas,
con un temblor en los labios del crimen de mi sueño enterrado. ¡Amores que el
vapor de la noche arrastra cual gotitas de un manantial de no se sabe dónde
brotado! ¡Agua de lágrimas que no desembocan en el mar!
sábado, 22 de noviembre de 2014
Yo quiero el mediodía...
Yo quiero el mediodía para concebir mi sombra y una primavera
disparada contra mi frente. No estaré expectante si llega el otoño difunto a
los bosques, y saludaré a las sombras alargadas de los cipreses y a los individuos
vespertinos como a una fuente en que refrescarme. Cuando emigren las aves me
quedaré en pie mirando ideal su horizonte cargado de adioses. Y cuando me
olviden los que me amaron y sea un otoño irreflexivo quien tienda su mano desde
el poniente, trabado a una cintura de mujer, no sabré qué desventura puso en mí
esta lejanía con inexorable límite, y dejaré en mi parque florecido los restos de
la pasión que me arrastró ciclónica en vida mientras yo creía que vagabundeaba
y caminaba, y equivocado daré mis últimos pasos como quien marcha hacia una
rosa desmesurada y fresca.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Duerme...
Duerme, y el velo la preserva. Calla, y está diciendo adiós. ¡Ay, si
yo entendiera esta noche que nos oscurece y nos muerde! Manoseando las flores
amarillas vamos lentos hacia la muerte. Pensativos, un camino nos lleva
imantados. Vamos… ¡qué sé yo! a una herida en el fondo milenario de un pecho
que erró. En las cumbres, la inmovilidad de los sueños es como un cabello a
punto de quebrarse. ¡Amor que surge riendo y al alba medita oscura!, en breve
traerás en el costado una flor roja, como la vida roja, como la sangre. Ella ha
sobrepasado y saltado la mancha derramada del sueño, y no me la han arrebatado.
sábado, 18 de octubre de 2014
Rosas negras no las quiero...
Rosas negras no las quiero para mí. Enviadme por el aire el agua de vuestros
pensamientos, que alma tienen hasta las piedras pero no las rosas negras. Porque
si me traéis pensamientos y agua, yo os sonreiré. Porque, de esta manera, no tendré
riqueza mayor. Porque un dios opulento (lo sé) pesará pronto el oro de mi alma
que sonríe, y abrirá todas las ventanas y puertas de su casa, y evocará, con el
alma de las cosas que queden fuera y dentro, una rosa blanca.
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