domingo, 20 de marzo de 2016

Algo quiso derribarme...

Algo quiso derribarme y me dijeron que el viento. Mi hogar alucinado dolía como el disparo de una pistolita de plástico. Mi hogar evocaba porque olía a plástico calentado. Es muy duro morir por el disparo de una pistolita de plástico porque el niño que la empuña ríe dirigiendo sus dientes burlones. Es falso asimismo que se rememoren las pistolitas de plástico de la niñez. Uno cae al suelo y magnetizado se sueña con una muerte miserable. Sugestionado se ablanda el corazón y nuestra tragedia de mentira nos sirve por un momento para llorar por nosotros mismos. Algo quiso derribarme y me dijeron que el viento. Me gustaría ver llorar a alguien por mí, pero no tengo corazón para divergir. Algo quiso derribarme tan potentemente real como una pistola de plástico o el viento inmaduro que sólo odia y derriba.

jueves, 17 de marzo de 2016

Le rozaría las mejillas...

Le rozaría las mejillas. Pondría la huella del descaecimiento en sus mejillas, rondándole incluso los labios, un fragmento de la comisura, como un ciego. Percibiera ella el mundo como un motor imparable que se ha dañado, que cede a ese pulso íntimo de sentirnos dentro de la oscuridad. Sintiera el cuerpo maltrecho, una luna que truena arriba, dolor en los brazos que iban a abrazarme en un impulso irracional, loco. Y no fuera nada más que hemos estado a punto de burlarnos desgarradamente de la buena educación. “¿Qué haces aquí en el mundo conmigo?”, debí preguntarla. Entonces todo se hubiera llenado de misterio alrededor de un círculo no más grande que el de dos cuerpos que no se han abrazado.

jueves, 10 de marzo de 2016

Un claror verde la equivocaba...

Un claror verde la equivocaba. La luna ¿estaba fingiendo?... Un dolor azul la empañaba. La luna ¿estaba soñando?... Cruzaba una nube el vano de la misteriosa ventana. ¿Por qué cantaban las avecillas?... Todo se perdía en espirales infinitas. Madre ¿se le ha aparecido a usted la muerte?... ¡Espera! Aún no soy dueña de mis ojos. ¿Y si no fuera cielo lo que viéramos al mirar al cielo?... Todo está pasando como tragado por los agujeros. ¿No quieres esperar a que alguien venga a esperarte?... Tengo el sueño de todos los hombres juntos. Si me dices adiós mirando la ventana que sueña misteriosamente con la nube, yo no me despediré. ¿Y si la vida se equivoca al mostrarnos toda la belleza?...Elige un camino para que sepas que has elegido bien. O deja que pase esta noche tan rara para que entiendas que nada has elegido. El viento despeina los cabellos de las muchachas buenas mientras la luna fingiendo se echa a soñar. Y no hay nada más que eso. Aprende a abrazar cuando tengas que despedirte porque todo está pasando como tragado por los agujeros.

jueves, 3 de marzo de 2016

Errantes almas...

Errantes almas en llamas acechan al hogar de nubes otoñales. Una música tiene el hogar que las imanta y las deja en medio del jardín flotando en un baile puro y loco. Almas gigantes son porque no se han levantado de su nostálgico romanticismo. Y ahora lo rizan todo de ignición y suicidio, y por debajo de mi vida tengo almas incandescentes que vinculan mi soledad a una inmolación con su retorno a los gélidos torrentes, cuando bajo mis pies y a su lado puedo devorar el frío de la sepulcral trascendencia de la piedra gris. Llorad, llorad, amigas mías. Miserables y terrestres, tan nostálgicas, inmanentes a un legajo que les destruye los papeles balsámicos de la memoria.

domingo, 28 de febrero de 2016

Por si pudiera callarse el agua...

Por si pudiera callarse el agua y el plácido cielo azul amurallarse, y del barro del fondo de los ríos no se pudiera liberar la belleza, y la montaña que da sombra y el avecilla en el árbol no me persuadan que soy dueño al menos de mi consciencia, dejadme llorando en el suelo, y borracho, y con mis vómitos. Dejadme llorando porque será la hora en que deba abandonar mi casa blanca del camino, cargar la mochila al hombro y echar a andar como un mozuelo. Decid, cuando no me veáis, que me asustó la idea de reconocerme en el espejo, y, en un cristal diamantino, ser multiplicado. Decidlo para que nadie entienda que volví a la pobreza de mis pies descalzos, y un duro camino por delante que consumir.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Era hermoso sentir el sol...

Era hermoso sentir el sol frontalmente ubicado. Y era como una dentadura cuando planea un beso. No lo había vuelto a nombrar desde la semana pasada. Se orientó contra mí y yo cerré los ojos para que aquel beso perdurara como el recuerdo del primer hallazgo del amor. Digo que tuvo la rudeza de las dentaduras pues atravesó mi frente para buscar mi virginidad. Desafortunadamente tuvo también que morir dejando oscuro el mensaje de conciliación pactado con los árboles esqueléticos en otoño y la fuente de un parque viejo. Éramos trotamundos de una siesta desértica y también el equilibrio invisible (ahora lo entiendo) entre los abismos. Nada que ver acaso uno con el otro, pero sentimos al tiempo un rastro gigantesco y un grosor fenomenal de vida pasar al lado nuestro, interrumpiendo por un momento la tarde vana que nos vio jugando a los placeres del espíritu.

viernes, 19 de febrero de 2016

Crujidos de pisadas

Crujidos de pisadas en la hierba seca y ruido de cuchillos. Con opulencia una mirada vertical a los cielos evoca benignas estrellas. No sé. El viento enamorado está soplando sobre azucenas blancas, y murmura preguntas, y pasa de largo sin que yo entienda ni pueda. Dos destinos sobre la cabeza de un hombre. Jugando está la muerte con magnitudes extrañas. Yo quisiera llorar hasta abrirle grietas a las piedras. Destino que quiere soplarme un veneno. Ojos también que me buscan, más allá de la bruma, para sonreírme.