Te ibas claramente ajena
a los rasgos severos que ponía la lluvia lentamente en ti y decoraban el adiós inconmutable.
Seguían subrayadas con flores las veredas y atravesabas el ocaso con un “Adiós”
desigual a una nube gris o un infierno. Ibas dejando lágrimas y muertos. Ibas
montada en una irrealidad de hierbas. Sugerías una canción que embriagaba si
volvías la vista y los cabellos. El poema se rompió en el papel y quedó
flotando sobre el suelo del ocaso de sangre, templando con la última perfección
la lejanía que mis manos de agua no te podían enlazar… Y unas palabras que
doraban el suelo de una mística lucha. Lágrimas y muertos. Discúlpame si no
hallé otro temblor último que se dilatara hasta donde tú alzabas la mano en
adiós, perdida ya a lo lejos.
jueves, 24 de marzo de 2016
domingo, 20 de marzo de 2016
Algo quiso derribarme...
Algo quiso derribarme y
me dijeron que el viento. Mi hogar alucinado dolía como el disparo de una
pistolita de plástico. Mi hogar evocaba porque olía a plástico calentado. Es
muy duro morir por el disparo de una pistolita de plástico porque el niño que
la empuña ríe dirigiendo sus dientes burlones. Es falso asimismo que se rememoren
las pistolitas de plástico de la niñez. Uno cae al suelo y magnetizado se sueña
con una muerte miserable. Sugestionado se ablanda el corazón y nuestra tragedia
de mentira nos sirve por un momento para llorar por nosotros mismos. Algo quiso
derribarme y me dijeron que el viento. Me gustaría ver llorar a alguien por mí,
pero no tengo corazón para divergir. Algo quiso derribarme tan potentemente
real como una pistola de plástico o el viento inmaduro que sólo odia y derriba.
jueves, 17 de marzo de 2016
Le rozaría las mejillas...
Le rozaría las mejillas.
Pondría la huella del descaecimiento en sus mejillas, rondándole incluso los
labios, un fragmento de la comisura, como un ciego. Percibiera ella el mundo
como un motor imparable que se ha dañado, que cede a ese pulso íntimo de
sentirnos dentro de la oscuridad. Sintiera el cuerpo maltrecho, una luna que
truena arriba, dolor en los brazos que iban a abrazarme en un impulso
irracional, loco. Y no fuera nada más que hemos estado a punto de burlarnos
desgarradamente de la buena educación. “¿Qué haces aquí en el mundo conmigo?”,
debí preguntarla. Entonces todo se hubiera llenado de misterio alrededor de un
círculo no más grande que el de dos cuerpos que no se han abrazado.
jueves, 10 de marzo de 2016
Un claror verde la equivocaba...
Un claror verde la
equivocaba. La luna ¿estaba fingiendo?... Un dolor azul la empañaba. La luna
¿estaba soñando?... Cruzaba una nube el vano de la misteriosa ventana. ¿Por qué
cantaban las avecillas?... Todo se perdía en espirales infinitas. Madre ¿se le
ha aparecido a usted la muerte?... ¡Espera! Aún no soy dueña de mis ojos. ¿Y si
no fuera cielo lo que viéramos al mirar al cielo?... Todo está pasando como
tragado por los agujeros. ¿No quieres esperar a que alguien venga a esperarte?...
Tengo el sueño de todos los hombres juntos. Si me dices adiós mirando la
ventana que sueña misteriosamente con la nube, yo no me despediré. ¿Y si la
vida se equivoca al mostrarnos toda la belleza?...Elige un camino para que
sepas que has elegido bien. O deja que pase esta noche tan rara para que entiendas
que nada has elegido. El viento despeina los cabellos de las muchachas buenas
mientras la luna fingiendo se echa a soñar. Y no hay nada más que eso. Aprende
a abrazar cuando tengas que despedirte porque todo está pasando como tragado
por los agujeros.
jueves, 3 de marzo de 2016
Errantes almas...
Errantes almas en llamas acechan al hogar de nubes otoñales. Una
música tiene el hogar que las imanta y las deja en medio del jardín flotando en
un baile puro y loco. Almas gigantes son porque no se han levantado de su nostálgico
romanticismo. Y ahora lo rizan todo de ignición y suicidio, y por debajo de mi
vida tengo almas incandescentes que vinculan mi soledad a una inmolación con su
retorno a los gélidos torrentes, cuando bajo mis pies y a su lado puedo devorar
el frío de la sepulcral trascendencia de la piedra gris. Llorad, llorad, amigas
mías. Miserables y terrestres, tan nostálgicas, inmanentes a un legajo que les
destruye los papeles balsámicos de la memoria.
domingo, 28 de febrero de 2016
Por si pudiera callarse el agua...
Por si pudiera callarse
el agua y el plácido cielo azul amurallarse, y del barro del fondo de los ríos no
se pudiera liberar la belleza, y la montaña que da sombra y el avecilla en el
árbol no me persuadan que soy dueño al menos de mi consciencia, dejadme
llorando en el suelo, y borracho, y con mis vómitos. Dejadme llorando porque
será la hora en que deba abandonar mi casa blanca del camino, cargar la mochila
al hombro y echar a andar como un mozuelo. Decid, cuando no me veáis, que me
asustó la idea de reconocerme en el espejo, y, en un cristal diamantino, ser
multiplicado. Decidlo para que nadie entienda que volví a la pobreza de mis
pies descalzos, y un duro camino por delante que consumir.
miércoles, 24 de febrero de 2016
Era hermoso sentir el sol...
Era hermoso sentir el
sol frontalmente ubicado. Y era como una dentadura cuando planea un beso. No lo
había vuelto a nombrar desde la semana pasada. Se orientó contra mí y yo cerré
los ojos para que aquel beso perdurara como el recuerdo del primer hallazgo del
amor. Digo que tuvo la rudeza de las dentaduras pues atravesó mi frente para
buscar mi virginidad. Desafortunadamente tuvo también que morir dejando oscuro
el mensaje de conciliación pactado con los árboles esqueléticos en otoño y la
fuente de un parque viejo. Éramos trotamundos de una siesta desértica y también
el equilibrio invisible (ahora lo entiendo) entre los abismos. Nada que ver
acaso uno con el otro, pero sentimos al tiempo un rastro gigantesco y un grosor
fenomenal de vida pasar al lado nuestro, interrumpiendo por un momento la tarde
vana que nos vio jugando a los placeres del espíritu.
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