Esa sonoridad automática
como envejecen
las aguas de un río
brindado a la mar,
tienen en sus sueños un
valle con canciones
de una emoción
restringida a las alas.
En algún umbral del subconsciente
pasan
sin mostrar su
dentadura pesada.
Alguien remedió la traición
del cielo que las ignora
con un inacabable sueño
de entrañas,
derramadas por el amor
a una piedra que muere
o a un jardín que el espectro
toma como morada.