sábado, 23 de julio de 2016

Siento la pena...


Siento la pena como una mariposa
que abre sus alas en extraños portales;
solitaria sin luz sobre la niebla
eclipses de un toro resoplan extravagantes.

Yo siento la pena como un corte frío
que va ardiéndome de parte a parte;
es la víspera de un domingo brotado
en el vientre ahuecado de los animales.

Yo siento mis ojos en la pena
suplir la penitencia sobre los alambres;
sonoros los huesos de mis entrañas negras
relucientes caminan a donde huelen el hambre.

Yo siento que no me puedo quitar la pena
ni sobre mí ni sobre mi plácida sangre;
a esputos resuenan las noches rojas
que se abren hambrientas y estelares.

miércoles, 20 de julio de 2016

Por este camino muerto...


Por este camino muerto donde Sancho,
el buen lugareño, antaño viese,
con su pobre pan y su joven sol,
secarse la boca a un don Quijote esplendente,
no cabalgan hoy los sueños.
Si son de amores, tal vez alguien los piense
en un otoño rebrotado,
no en la chispeante juventud que hoy mece
a los amores con brazos terrenales,
y estima necedad embriagarse de ilusiones.
La cripta del don Quijote bien cerrada está.
¡Que duerma España en decrépitas decepciones!

lunes, 18 de julio de 2016

Un camino íntimo...


Un camino íntimo y viejo
vio a mi alma desnuda
escalando hasta las puntiagudas
piedras de la cima
que su entrecejo piloso
hunden casi en la luz divina.
Al llegar, le dije al buen Dios:
Mi alma erigida con lágrimas
es la que viene a encontrarse con Vos.
Vi una humareda en la cima
y formé la imagen eterna de mi Dios.
Una humareda, sólo una humareda.
¡Mi alma erigida con lágrimas
y Vos una humareda!
Es cuanto sé de vuestra esencia eterna.
Me dijo el buen Dios:
Cada piedra de tu alma, con lágrimas
mías vertidas, yo las formé
en el origen de los tiempos.
Nadie sabe tanto de mí
como éste que ve mi verdadero rostro
de sollozos y lamentos.
Entonces, un pájaro voló entre los dos
y yo soñé su sueño de muerte
inminente.

viernes, 15 de julio de 2016

Soy el agua...


Soy el agua. Soy tibia como tus hijos,
y huyo. El invierno aguarda,
tú no sabes que es el invierno
y quisieras saber por qué estoy rizada.
¡Cuántas penas me añoran,
buscan esa manera que fui pensada!
Yo era el alcohol que se funde
en el alba rayada,
una manera de quietud encumbrada
por los poetas. No sé.
Quisiera tenderme sobre mi cola
y revolverme y aburrirme, y no entender nada.
Una sucia manera de dormir después del coito,
de mancharme con sus sábanas mojadas.
Arder muerta, intensamente muerta,
que no haya nadie más muerta que yo
ni que oiga con más finos oídos su propia muerte
ni el horror que le aguarda,
al precio de saberse mejor, así, existiendo.

domingo, 10 de julio de 2016

Esa sonoridad automática...


Esa sonoridad automática como envejecen
las aguas de un río brindado a la mar,
tienen en sus sueños un valle con canciones
de una emoción restringida a las alas.
En algún umbral del subconsciente pasan
sin mostrar su dentadura pesada.
Alguien remedió la traición del cielo que las ignora
con un inacabable sueño de entrañas,
derramadas por el amor a una piedra que muere
o a un jardín que el espectro toma como morada.

viernes, 8 de julio de 2016

Voy cargado de dolores...


Voy cargado de dolores,
con mi negra melancolía,
al tiempo que llegue yo,
llegará mi corazón que no ardía.

¡Ábrele la vida!

Si no madrugara más mi corazón,
que el resto de mi anatomía,
tú no persistirías ni ideal ni nacarada,
y lívida y turbada te encontraría.


¡Ay, ábrele la vida!

domingo, 3 de julio de 2016

Qué clara triunfa la luz...

Qué clara triunfa la luz
de las mañanas infantiles,
junto al buen padre, convulsionados los ojos,
y un perfume a enseñanzas de imposibles.
Aquélla época virtuosa, hoy,
asemeja un estío de soles que esplenden.
¿Es padre que se torna perenne
cien veces roto por la sangre?
¿son sus ojos que cortan el imposible
cien veces rota la paternidad?