Viajemos en un otoño de
trasparencias
como fetos aguardando
la carne y la lluvia.
Contemplémonos bellos
en la espera
de manantiales de luz y de música.
¿Ves qué súbitos astros
enredados a los pies
van manchando el camino
de luminosas estelas,
flores blancas y
lenguas trabadas
en un misterioso
lenguaje de esféricas señas?
Yo muero, amor, si tú
no entiendes
que el otoño no matará
nuestras flores risueñas.
Me quedaré sin
comprender cómo he llegado,
y he visto, y he andado
hasta el final de las pequeñas
muertes que han
envejecido mi luz y mi lluvia
como una blanda
cabellera.