La noche dará a luz el claro día purpúreo
que vendrá como sortilegio de la nada.
Toda la paz se cubrirá de nieve fría
y, en el inmenso silencio blanco, una bocanada
de alma huirá instante a instante pura,
risueña de flores y constelada.
Y, en el doliente beso a los labios marchitos,
una mujer construirá -¡oh, abandonada!-
la memoria indeleble del cuerpo que la cubrió,
y, a un roce de pétalos acostumbrada,
verá disiparse la exaltación, la nieve, el hueco
palpitante de la almohada.