Bajar, como enfermedad
de perro,
como un silencio
extraño en la galaxia,
hacia donde vibra la
nada y el bicho,
calientes en su
devoción a la asfixia.
Bajar, con nuestras
frentes inclinadas,
como un lento amante
hacia la amnesia
que no respira ya el olor de mujer.
Como un único dolor,
bajar es la travesía.
Y en sueños contender con
Dios
como la incógnita que
bajar nos testifica.