viernes, 18 de noviembre de 2016

Color...


Color de una sentimental despedida
que la boca engulle, y depone,
como animal o dios, sobre trigales en cinta,
que azotan la palabra interminablemente,
y, cual encima de la roca, un vómito la bañara
del dolor perfecto. Adiós, decimos.
¿Qué se ha roto, pues? ¿Se queda sola la vida?
Adiós, y diríase que los brazos que el fuego
licúa no han llorado nunca de esta manera,
y que el color del ocaso
nunca fue tan vespertinamente llamado
sombra.

jueves, 17 de noviembre de 2016

En lo excavado...


En lo excavado y hondo y corrompido
había cristales rajados
de un alma que fue más que eso,
sintiendo la herida de la vertical espada
como sueño que es sueño por viajero y por confuso,
proveyendo de un paisaje de quirófanos y lubricidad
de estremecidos muslos de mujer.
Y se peinaba en las manos que daban voces
de hambre y de eco en los valles precipitados.
Llorar, andar, en un sueño oscuro ¡qué pena!
Volcar del manantial de un hueco ¡qué lástima!

lunes, 14 de noviembre de 2016

He tendido en tus párpados la espera...


He tendido en tus párpados la espera
y una extrañeza de tuerca que lame el mar,
pero el bien que me golpea el pecho
no tiene racimo donde beber la vid temblorosa,
y llama a los sexos con voces
extraviadas en la noche que retumba lejos.
Antes mucho anduve como chispo y rencilloso.
Arribe en caminos que me tostaron
con sus aires fríos y buenos,
y con mi boca bebí la luminosidad,
y con mi hambre escancié entre amigos,
del amor, su oronda mujerzuela.
Hoy, al volver y encontrar mi casa encendida,
he sentido al mundo intercambiándose sonrisas,
porque una foto envuelta en papel de navidad
dinamita ponía a los recuerdos,
esos que huyen como hijos ciegos de las manos
del padre borracho y furioso,
y un trastorno de navidad y primavera
removía los cauces sonoros de mis venas,
y una desorientación de la cueva de Dios
lo encontraba demorado junto al fuego de mi casa.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Ebrios...


Ebrios de luna partida salen
a equivocarse y contar hasta diez.
De sus rostros oscuros
la incomprensión sale al misterio,
tendiéndose en su fija dentellada.
El mármol frío no los conoce.
¿Quién conoce a estos oscuros?
Su dolor es frío, ¡escuchar!
¿Quién conoce estos dolores?
¿Quién ha puesto la explosión en su pecho?
Saca tu caballo a beber, y dale del misterio.
Noche de una risa que va a explosionar.
Noche de beber y equivocarse.
¿Es el amor la luna, el rostro oscuro,
el mármol frío, el caballo?

viernes, 11 de noviembre de 2016

Las huellas que esparciste...


Las huellas que esparciste
en esta casa de dolores,
retornarán ebrias de vida
con las risas que el mar profundo les arrebató.
Y nos hallarán escondidos estratégicamente
para cerrarles la vuelta,
en una casa de bienaventuranzas
que formaremos insistiendo a la alegría.
Tú serás quien despierte a una estrella cruzando el firmamento,
y tendremos una misma luz
que abrace nuestro respecto a nuestros destinos.
El mío que fue siempre ser un ángel
y el tuyo en el que comprendí cuántas tinieblas
pueden tratar de modificar
el amor de un hombre por una mujer.
Como sé que cuando vuelva a verte
te hallaré en el salón con mamá bailando,
dejo el tocadiscos encendido.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Otoño que abriga una melancolía...


Otoño que abriga una melancolía
en su barriga que sueña.
Un adiós al mundo que culmina
y desamor entre sueños al que florece.
Te pareces a los adioses
y al llanto.
Doctorado en una maestría de equívocos,
vienes a tapar también el firmamento
cuando tus bichos adoloridos miran los infiernos,
donde las aguas impuras
te quieren muy pronto allí sepultado.
Sepultado de noches frías.
Sepultado de huesos bañados por las hojas.
Sepultado del mar que malvendiste
al labriego insomne, y el coraje
que puso enemistad entre tú y la primavera.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Lentitud...


Lentitud que la lluvia abisma
contra los rotos harapos del mendigo,
y sobre la cena opulenta,
y sobre los aires bellísimos que silban.
¡Qué cansado está el hombre
de vivir sobre lo rumoroso y breve!
Tus ojos me miran heridos,
y devoran la iracunda existencia.
Me acusan de que mi vida
la he vivido creyéndomela.