Lo que con mi boca he besado
retembla en el frío de unos ojos desalentados
de ver que la boca que les besa
más allá de la muerte les arroja a ser evocados.
Tus ojos se emplean contra la vida:
no quieren un año, no quieren un día.
Sin anclar una memoria,
quieren una extensión de tierra dentro de mi corazón
que por el suelo está rodando,
quieren su perfume incólume
y un dolor de pétalos negros batallando
contra lo que ha copiado su mirar negro y abrasado.
Únicos en mi interior quieren ser transigidos.
Lo que con mi boca he besado
con una odiosa inmortalidad friccionan.
Tus ojos aguardan nuevos besos cerrados,
meditando en las finitas leyes del ocaso.
Quieren vivir sonando como mármol, el más dudado.