sábado, 31 de diciembre de 2016

Lo que con mi boca he besado...


Lo que con mi boca he besado
retembla en el frío de unos ojos desalentados
de ver que la boca que les besa
más allá de la muerte les arroja a ser evocados.
Tus ojos se emplean contra la vida:
no quieren un año, no quieren un día.
Sin anclar una memoria,
quieren una extensión de tierra dentro de mi corazón
que por el suelo está rodando,
quieren su perfume incólume
y un dolor de pétalos negros batallando
contra lo que ha copiado su mirar negro y abrasado.
Únicos en mi interior quieren ser transigidos.
Lo que con mi boca he besado
con una odiosa inmortalidad friccionan.
Tus ojos aguardan nuevos besos cerrados,
meditando en las finitas leyes del ocaso.
Quieren vivir sonando como mármol, el más dudado.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Poderosa la mente...


Poderosa la mente te hinca sus alas
en el transcurso de una noche.
Te emociona la espléndida abatida
de un ave sobre un cielo enorme,
en el beso de la estación fría
y la caída de la esperanza en un hombre.
Yo he tendido mis manos a los ojos tuyos
implorantes en la nave postrera, que huía
de no sé cuál viaje
a no sé qué ensangrentamiento del monte,
arrojado sobre tu pecho explorado
en una noche iluminada de imprecisos semblantes.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Sobre la virilidad.

  Hay un pudor sin clarificar para que una amistad entre dos virilidades se enmarque en el territorio de la innovación. Debo advertir que aquello de que voy a hablar es muy infrecuente dentro de nuestras sociedades. Es amor pero es casi superior a él. Rechaza su expresión carnal en el sexo, pero en ciertos momentos abraza su lenguaje atosigante. Este tipo de amor entre dos virilidades ha devenido a lo largo de los siglos hasta el punto de ser inclasificable o sospechoso de homosexualidad. Estoy acordándome del amor de Jesucristo hacia el más joven de sus discípulos o el de Sócrates. ¿Cuál debe ser nuestra pregunta?
  En el momento en que pensamos en el amor heterosexual la pregunta nos sorprende por su facilidad. Es esta: ¿De qué nos salva el amor heterosexual? La respuesta a la pregunta nos sorprende por su facilidad ya que no podemos entenderla sin haber pasado un tiempo por la soledad. Todos recorremos un tránsito más o menos largo de soledad hasta darnos cuenta que necesitamos la compañía de un hombre o una mujer. ¿Cuál es la pregunta, pues, que interroga a los sentimientos de una virilidad contra otra virilidad? He vivido alguna que otra porción de mi vida sin entender por qué todo hombre debe de aprender a amar a Adán, el más tentado de los santos, el cómico que trajo la muerte al mundo, el trágico más odiado. Tragicómica es la breve estancia de Adán al lado de Dios. Recuperemos fuerzas. Adán es la virilidad en esencia, la primera creación de Dios. Amar a Adán es amar lo que Él ama, ya que de la misma manera que lo que yo amo es servido a manos llenas en mis poemas, por ejemplo, Él tampoco podía entender su creación si no la amaba en extremo.
  La pregunta que interroga a los sentimientos de una virilidad contra otra virilidad ya está formulada: ¿Conoce el hombre en menor grado a Dios si no ha sentido esta clase de amistad? Por mi parte ya he allanado el camino. A otros toca ahora llegar más lejos. Creo que está será la entrada, mas no la única, sospecho.

martes, 20 de diciembre de 2016

La carne es lo misterioso...


La carne es lo misterioso
donde se enfurece el amor
y soplan las brisas pacíficas
del Espíritu de Dios.
Último rincón
vibrante de infinito,
arrancado del universo
como una estrella mojada,
que no consume el verso
ni sorbe el Altísimo.
La carne es el misterio
de esta paz invicta
que reina en el universo,
con tanta vida,
que debió morir desde el principio.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Ellos huyen...


Ellos huyen hacia donde fluir
sienten el perfume del agua.
Con los pasos contados huyen
hacia una mirada blanca y cegada.
Con los racimos de los montes
a su espalda,
huyen del enloquecimiento
que ha matado sus miradas.
Huelen a sangre vibrando
por sus camisas,
y con la mirada en lo lejano
piensan en espirales de arañas.
Congelados los músculos
saben que aún les aguarda
una noche inmensa de acechanzas.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Este menoscabo de la luminosidad...


Este menoscabo de la luminosidad,
rendida de arremeter contra mi vano muro,
tiene un motor de gusano laborioso
que sabiamente se multiplica.
Alimenta mi sangre la paz que me acecha
y puedo oír su exultación y su desdicha pobre
como una columna que ya jamás será barrida.
La vida, bendita, hermosa, la que besa,
ha pasado delante de mi ventana
y me ha sorprendido con un giro de su voluntad,
una cabriola en el aire.

martes, 13 de diciembre de 2016

Voluntad...


Voluntad de rasgar lo remoto.
Voluntad de tristeza que arremete.
Voluntad de una perversión.
Voluntad de sumirse en una hembra.
Voluntad de mi lengua ingerida.
Voluntad de los frutos terrestres.
Voluntad de explosionar a un hombre feliz.
Voluntad de disgregarlo entre los infelices.
Voluntad de un corazón centrífugo.

Yo no quiero que pare nunca esta vida, hermano.
Yo no quiero un tiempo para rememorar.
Yo quiero mi camino aquí y la voluntad pronta.
Yo quiero infiltrar en el mundo un hartazgo de mí
y que el viento que me lleve un día diga:

“¡Valiente pájaro que vamos a enterrar!”.