No sé qué llanto sin germinación,
que lágrimas anteriores a mi pecho,
anteriores a las lunas,
me doblan el alma y ahondan el lindero.
Yo desenterraré el espacio perpetuado
que sólo concibe un firmamento
atormentado y libre,
una soledad gigantesca de agujeros
bramando a la noche, interrogando
por su misterioso comienzo.
Mi raza son estos hombres que así lloran;
mi patria, esos hombres que entiendo;
mi jornada, implicarme con su sombra
y su flor bárbara nacida en jardín seco.