sábado, 4 de febrero de 2017

Yo nunca que entro en mi casa...


Yo nunca que entro en mi casa
extraño el claro paisaje de jóvenes arboledas
y donde abajo en la calle los siglos ya no truenan,
sobre nuestra sangre, su escueta gloria.

Es una nube irrevocable mi casa
donde las palabras dicen siempre la verdad
y donde yo ensayo mi quehacer y mi mortalidad
tras la larga cabezada de un hombre que pasa.

Yo veo algo en ella de una peripecia del alma
como don quijote reconquistando el juicio.
Por eso no firmo en papel de historia lo que cuenta mi casa:
aquel rigor del día en que el amor comunicaba.

jueves, 2 de febrero de 2017

Yo sostuve en mi mano...


Yo sostuve en mi mano
un gorrioncito muerto
y juzgué que aquella lágrima
no podía caber en un océano.

Yo sentí en mi mano
llorar a Dios por la vida
y sentí su ternura
destilando una lágrima pura.

Hoy que todo me suena a hueco
rememoro aquel episodio de la niñez.
Hoy que todo me suena a hueco
advierto que la vida nunca lo fue.

sábado, 28 de enero de 2017

La fiereza del aguacero...


La fiereza del aguacero
te había desdibujado a lo lejos.
Tu vientre respiraba convulso.
Los hombros mojados
se preguntaron algo
que no compareció en tus labios.
Eras poblada por lo intransmisible.
Levantaste una duda con tus manos,
a punto inquirir apretaste los dientes,
un momento antes de someterte
a nuevos silencios.
¿Qué era, hermosa mía? ¡Dime!
¿Qué flor depositaste en el aliento?
¿Callas?... Yo lo sé:
¡Fue un acobardado beso!

jueves, 26 de enero de 2017

Dormido...


Dormido, caído, precipitado,
pero dulce de alientos de mujer,
es mirado al pasar
y observado en el horizonte vibrante
de olorosas nubes.
¿Pasó ya su figura entrante
en el polvo de la lejanía?
Pasó. También pasó el semblante
de niño, las manos oxidadas en los bolsillos,
su cintura enteramente
se alteró. Sólo queda algo desproporcionado
e inútilmente deseoso de extraviarse.

martes, 24 de enero de 2017

No sé qué llanto...


No sé qué llanto sin germinación,
que lágrimas anteriores a mi pecho,
anteriores a las lunas,
me doblan el alma y ahondan el lindero.
Yo desenterraré el espacio perpetuado
que sólo concibe un firmamento
atormentado y libre,
una soledad gigantesca de agujeros
bramando a la noche, interrogando
por su misterioso comienzo.
Mi raza son estos hombres que así lloran;
mi patria, esos hombres que entiendo;
mi jornada, implicarme con su sombra
y su flor bárbara nacida en jardín seco.

domingo, 22 de enero de 2017

Mi voz se ahoga en tus pechos...


Mi voz se ahoga en tus pechos
como la alondra batiente de la mañana.
¿No sabes que el pecho herido
se espesa en las horas y en la madrugada?
En leche me he ahogado,
de leche bebí la carne maravillada,
¿cuánto tardará este amor
en florecer una agonía sobre mi nevada?
¡Ay, hermosa mía, que transitas por la flor
y el beso nutriente de la jornada!
Nutriente… nutriente… nutriente…
he ahí el vocablo de la luz tan justa y disciplinada.
La noche barrera nuevas estrellas
pero tu voz se nutrirá de la bóveda,
tan de Dios, tan brutalmente abandonada.

jueves, 19 de enero de 2017

Suavidades azucaradas...


Suavidades azucaradas emplea mi corazón
para mirar mi calle enamorada
de no sé qué muerte venida este invierno
a pisarme mi alegría trasnochada.
Pero, ¡qué pobre es el mundo enriquecido
de dorados vocablos y seda de hadas!
Yo he visto un mundo un invierno
en fiesta y bufonada,
y he visto espléndidas risas
sumarse por las venas a las miradas.
Triste, triste, triste estoy,
y no sé por qué ascensor y cuál lágrima…
…¿Quizá abriendo una ventana…?