miércoles, 10 de mayo de 2017

En mi pecho a dormido un dolor...


En mi pecho ha dormido un dolor esta noche,
una daga suave, hundida misteriosamente,
misteriosamente dándome una melancólica devastación.
¿Oyes los cantos del plenilunio de los pájaros?
Son breves sueños del alba
que han bajado,
preñados de aborrecimientos dulces
a mi dolor consumado.
¡Estremécete, amor mío, en esta hora de llanto!,
mi dolor perfecto te cubre y te otorga
el reino de mi sombra.
Cierra los ojos que es tibia la llama
de mi carne arrojada a los dientes del vinagre.
Que estás aquí, a la flecha de mis ojos acostumbrada.

lunes, 8 de mayo de 2017

Estás en la noche...


Estás en la noche con bramidos
y vituperios llamándome.
En este final,
yo guardaré una estrella mojada,
tú la solitaria luna de bronce.
Se están escribiendo sinfonías
en esta noche cerrada,
y te revuelves y te revuelcas en el suelo
como un animal enfermo y deslumbrado
por el eterno girar del firmamento.
Me oirás herirte con el filo tan calladamente
que vendrán flores de arriba
a contemplar tanta belleza en tu sangre.
Oirás un bramido inmensamente dormido en el cielo.
Oirás que fluyen los besos
desde un hombre solo hasta tu conmoción de estrellas.
Oirás una piedra y un cabello.

sábado, 6 de mayo de 2017

Sobre el Orden...


A cada uno de nosotros la vida puede parecerle un precioso continente de maravillas. Nada tiene tanto valor para nosotros porque la comparación con otro valor la supone portadora de él y por consiguiente superior a todo. Desde hace unos días he sido abordado por la idea de que lo que parece tan nebuloso no es más en el fondo que la perfección lograda en un instrumento inaudito de acción política. Lo que ha pasado es que durante un micro momento irrespirable de lucidez he visto lo que hasta ahora venía siendo mi vida: El regalo más maravilloso de Dios tirado a una letrina. Desperdiciada por completo. Así surgió la idea sólo novedosa para mí de que la vida a cada cual le es una pequeña misión en el descomunal propósito de la humanidad de santificar el Orden o el Mundo. No se trata de que el hombre por su propia autoayuda se acerque a Dios, sino de que el Orden en el que estemos instalados no nos niegue poder estar en los brazos amorosos del Altísimo. No se trata de luchar por la santidad del hombre, sí por un Orden santo. Estoy convencido que para ciertas sensibilidades religiosas desarrolladas no es una novedad que la seducción del Mal en todas las dimensiones del Orden o Mundo imposibilita una pura acción santa y que las acaba por devorar a favor suyo, a favor de su Reino del Mal. En este sentido soy revolucionario ya que considero necesarios “profundos cambios” en el Orden. Legiones de hombres con extrema sensibilidad, astutos, mansos y sabios serán imprescindibles. Pero no confundan lo que propongo, por favor, con un Estado Confesional. Yo voy mucho más lejos, mucho más de lo que pueden dar a entenderse en estas pocas líneas.

jueves, 4 de mayo de 2017

Se está escribiendo una carta...


Se está escribiendo una carta
que tu corazón bordea con flores
desde distancias infinitas.

Dormido tu corazón ¿qué puede?

Había queroseno en tus ojos
la noche de anteayer y un tigre
nos miraba y nos pensaba.

La noche de anteayer ¿era la paz?

¡Tembloroso camino hacía el fondo!...
No sé qué hondura escondida a la luz
me llama a un desafío en tus ojos.

Si puedo verte aquí ¿por qué desafiarme a lo hondo?

sábado, 29 de abril de 2017

Tuve un gorrión...


Tuve un gorrión, con las alas cortadas.
Mi memoria baja a veces a los fondos
donde quedó enterrada una imagen de él,
y, entonces, sin querer llorar, lloro.
Feliz, aquel gorrión, pasó un día conmigo,
y la memoria me lo levanta ofuscado
y me lo precipita a un fondo deshabitado,
donde se llora, se llora una lágrima
igual que una gota de sangre se sangra.
¿Un gorrión? ¿Cuál es el valor de un gorrión?:
¡La brizna de ternura que con él no se sepultó!

miércoles, 26 de abril de 2017

Sobre la grandeza...


La grandeza de algunos espíritus debe producir un hartazgo de sí mismos tal que lleguen a desear todo lo contrario. Me da vueltas por la cabeza la impresión de que las almas que buscan la perfección la encuentran en lo pequeño, en lo insulso y en lo pobre. No toméis demasiado en serio lo que voy a deciros pues hasta yo mismo reconocería que piso terreno resbaladizo. Creo que Dios querría ser perro o murciélago si pudiera olvidar por un momento su excelsitud descomunal. Este Dios ha querido encarnarse en hombre no sólo para cumplir su misión en la Tierra sino que también lo ha querido ser por toda la eternidad en los cielos. Y el hombre fue creado del barro, la materia más humilde que se conocía cuando se escribió el Génesis. No te extrañe, lector, que yo quisiera que estas líneas no pesaran sobre ti y que tomaras el concepto que he expuesto como la única posibilidad que tienes de encontrar la paz. Es decir, encontrarte a ti mismo. 

viernes, 21 de abril de 2017

Aquellas rosas...


Aquellas rosas no enlucieron bajo el sol.
Las rosas se marchitaron apenas florecidas,
y engendraron una fealdad de llamaradas
esperando un cielo más bello, lluviosamente bello.
Derribadas, vencidas, el otoño trajo nuevos sueños,
sueños de astillados cristales,
sueños de veneración y brazos extendidos.
Pero presintieron una muerte lunática,
porque en los ojos rojos vieron la fragilidad
de sus pétalos sedientos.
El agua acarició sus tallos una tarde
en una explosión de injusticias morosas,
horriblemente olvidadas
sin entender su fe en los infiernos de la supervivencia.