martes, 19 de septiembre de 2017

Vuelos de llantos...


Vuelos de los llantos, zumbido de ángeles,
amanece una ferocidad jubilosa,
¡y es tan triste la vida pasando de largo!...
Llenándose el mundo de luz,
las sobras de mi vida te van iluminando,
ahora que llega esparcida en un chiste raro
la causa de una lágrima en tu mejilla.
Ya ves, el sol no puede estrangular
la dicha de esta noche juntos,
porque ha pasado tanta vida por delante de nuestros ojos
que no es triste, después de todo,
este zumbido incesante de la luz que segrega.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Alejándose de un mundo extraño...


Alejándose de un mundo extraño y descomunal,
sólo quieren la luz que abandonaron.
Exagerando van su sed de caer
y miran, en lo profundo del horizonte,
intuyen, vocablos de sangre.
No, no habrá paz por ninguna parte,
el derecho del hombre es tenderse cansado,
mirar sólo una vez las cosas, y tenderse.
Para que las voces no se dejen de oír,
han traído una parte de su pasado
donde vieron algo parecido a la felicidad,
rara, extravagante, portentosa envuelta de muerte.
 

domingo, 10 de septiembre de 2017

Mareado...


Mareado de un azul muy luminoso,
desorientado y caído,
mi pena no tiene aguas turbias
donde descansar con la flor irracional.
No hay monedas que malgastar
en los brazos y en el cielo de la frente tuya.
Voy por barrancos mezquinamente caído,
mareado de un azul muy luminoso,
y preguntándome por cosas remotas
que caen como una dulce mirada,
rodando por tus mejillas enigmáticas...
¡Dios mío! ¿Por qué me vas a abandonar?
 

Orienta la testa...


Orienta la testa hacia el fondo de un abril
de óxido y de hierba bajo la lluvia.
En las noches claras hablará un demente
de la soledad que cruzó la horrible mancha
de semen sobre las sábanas.
Y en los días azulados, meditabundo en tu sillón,
creerás que has cobijado en tus ojos
la lumbre que los dioses prescinden de encender.
Y encontrarás la paz bajo la sombra de tu árbol seco.
Y te sentirás ilustrado de maldición y de vida.
Pero un día te hablará la mirada de un niño
que ha de pasar velozmente al lado de tu tristeza,
porque la vida te dejará ver la sobreabundante libertad,
más tarde o más temprano, que dejaste sin rendir.
 

jueves, 7 de septiembre de 2017

Los valores de Jesús...

En los primeros siglos del desarrollo del cristianismo acaso se desvió el sentido de la palabra fe que con Jesús debió tener una significación de confianza en Dios antes que como un reducto de ideas que habrían de recaer en dogmas. Esta segunda interpretación de una palabra que cruzaba casi por entero el desarrollo de los evangelios se hizo necesaria para la difusión del cristianismo por todo el imperio. Había que dejar claro quienes eran los cristianos y por qué eran injustamente perseguidos. Había que sustituir los dioses romanos por un Dios piadoso y nada atractivo. Había que cimentar un régimen de ideas que no se confundieran entre las muchísimas tendencias ideológicas que se extendían por todo el orbe romano. Así, la necesidad se convirtió en esencial de lo que habría de denominarse como cristiano. Se concluyó que un cristiano era una forma de adhesión a un repertorio de creencias y de ideas y no a unos valores, los valores de Jesús.
  La encarnación de Dios en la Tierra habría de tener dos misiones fundamentales, esto es: vencer a la muerte y trasmitir unos valores. Estas dos misiones están representadas en las dos partes de la Misa, y las dos son igualmente de importantes. No obstante, transmitir los valores de Cristo debería de ser la misión fundamental de su Iglesia, porque que Jesús venciera a la muerte es un hecho consumado del que nos beneficiamos todos los hombres y se hizo sin participación humana. Y no excluyo con esto la misteriosa importancia de la comunión. Pero este es otro asunto distinto del que nos trae aquí.
  Lo cierto es que los valores de Cristo y su adhesión a ellos son los que conforman verdaderamente la identidad de un cristiano, aunque no sé cuál es la razón de que hallan permanecidos ocultos por tantos siglos. Según esto no debemos llamar cristiano ni al Papa si sus valores no se identifican con los de Jesús, y, por supuesto, no le suponen ningún sacrificio adherirse a ellos. Es duradera en el tiempo la identidad cristiana. Y se adquiere no con un repertorio de ideas sino con la identificación con unos valores. Esto es lo primordial en ellos: el hombre no debe buscar los valores del Padre y sí identificarse con los valores del propio hombre. Ser hombres es lo que nos pide Jesús.
  Que un euro tiene más valor que un millón de euros es un axioma tan evidente para Jesús como que Él es el Hijo de Dios. No se trata de sacrificios. El hombre, que es el ser más humilde de la creación, es más hombre percibiendo las cosas de esta manera. El siguiente valor es el respeto, que se debe dar con plenitud ya que no nos es posible entregarlo con infinitud. El respeto está ligado a la pobreza en el sentido de que se está valorando sobre todas las cosas la ínfima condición humana. Y el tercer valor es el calor humano, que el hombre desprovisto de bienes espirituales no puede darlo visiblemente como el Padre entrega su amor. Así es María como madre de los hombres que fue asimismo la primera cristiana. Es cierto que también está en los Cielos participando de los bienes del Altísimo. Pero esta María santísima que está tan dentro de Espíritu de Dios y participando de su gloria y experimentando lo que el oído no oyó y el ojo no vio, no es nada al lado de la madre de los hombres con su respeto y su humilde calor humano, entregándolo en demasía a sus hijos, y que sigue siendo pobre como lo fue en la Tierra, también de bienes espirituales. La contradicción en la que incurren estas dos Marías está servida. Resolverlo creo que no es un asunto teológico sino del corazón.


domingo, 3 de septiembre de 2017

Adiós te dije...


Adiós te dije con una rosa blanca
en la mañana de la primavera que bostezaba.
Risas llegaban remotamente
que me abrieron el pecho como explosionadas.
Y no quise llorar el raro caos que surgía,
y no quise cerrarte los ojos que me hechizaban
de un canto sereno de lluvia y de otoño.
Incomprensiblemente, yo, con mi rosa blanca,
en el final del invierno,
mirando tu esfinge desentrañada,
no pude entender del mundo su gran carcajada.
...Y me fui, sonriéndole enigmáticamente,
con mi rosa blanca, a la mañana de primavera azulada.
 

jueves, 31 de agosto de 2017

Negro...


Negro. Consiste en estar junto a las raíces,
escarbar y escarbar en la tierra olorosa
y encontrar el origen del lirio oscuro y tembloroso,
donde la nada hundida escarba y escarba más,
donde parto el pan y no lo parto,
digo un vocablo y mi paladar se cubre de misterios,
donde la dentadura se rompe y escarba.
Entre las cosas que no se debieron decir,
torpes en el aliento, yo, te envío la más dolorosa.
Bajo el cielo lluvioso está llorando,
en secreto, una cosa o un animal. Ahora, todo es negro.