Tengo llorando y aguardando,
en una azulada mañana,
mis ojos que duermen hacia la luz
como hacia uno de los rostros de Dios.
La mente que dijo adiós
medite su pensar y mire la ofensa
al corazón que aguarda.
Y que la espalda que se aleja
dude y deshoje una flor.
Que no se consuma una lágrima
antes que un cielo lluvioso
la borre como una espada
se borra enrojecida en el abdomen.