Alguien sembró de estrellas mi ventana
y les puso un nombre a cada luminaria.
No sé si jugaban a que reían conmigo
o mi alma las estaba emplazando al cielo severamente,
porque se mojaron todas de la voz
que en mi boca ensalivaba la anomalía que estaba viviendo...
Mientras el amanecer se demoraba yo reía con ellas...
¡Tanto lloraron mis ojos la luz del sol!
¡Tan grande era la oscuridad que trajo el día!
Mis recuerdos ya no son exactos pero creo
que asaltaron los cielos sin ánimo de distinguirse.
Sólo adornaron mi ventana ¿Es poco una noche?