Yo no soy este velero
ni su sonrisa que juega
a llegar a la otra orilla.
Mi velero se demora,
como una hembra,
como su sexo se demora,
como la paz que obtendré
mirando obsesivamente el horizonte,
presintiendo la otra orilla,
ya tan cerca,
que cierro los ojos embaucados
de una alegría que explosiona
y rompe la hora del alba.
Yo no soy este velero
ni la ansiedad que acoge,
del punto exacto más lejano,
la fuga de todas las estrellas que veo
y el pálpito de llegar,
de estar llegando conmocionado.
Porque soy yo quien merodeo en la orilla ,
quien codicia un lamento o alegría,
momentos en que el velero arriba y me mancha,
con la sombra de sus blancas velas,
mi inevitable soledad y mi canción.