He visto llorando a un soñador
por no sé qué blanco sueño.
Las pesadillas no se lloran.
Tú no conoces el plácido dormir
a dónde el ruiseñor te llevase.
¡Sueños blancos que se oscurecen
en una noche de soledad y de miedo!
Con piedras rompo este cristal
de aguas quietas e impuras,
y me seduce un bosque de ruiseñores
meditabundos en mi almohada,
y abro un sendero que subiendo
me conduce a los infiernos de un enamorado.