Duerme desnudo el perfume,
desnudo porque lo quiero así,
susurrante en la espalda,
viajero por el iris,
equivocado y sin la memoria.
Y vuelven ahora tantas espaldas
y los lechos tantos,
que se me están rompiendo
no sé qué cosas con sombra de un sueño,
y en un camino entre los trigales
me asalta como mariposa súbita
sobre un beso vago en los labios, en la seda,
de cualquier noche abatida
con el blanco de un cielo perfumado.