Qué bien que sonrías hacia un lejano sol,
y me recuerdes entonces
con los párpados fugaces de mi melancolía,
orillando en tu semblante la mirada,
cayendo mortalmente herido de un sueño
cual si acabara de salir de mi boca la sangre
de toda una noche de sedientas estrellas malas,
...y te sonrías ...y te sonrías... de los inciertos
quehaceres de la mente que orilla tu rostro,
y te ama con pesadumbres chiquitas.