miércoles, 11 de abril de 2018

Te entrego mi presencia...


Te entrego mi presencia para que la oigas
en esos derrumbamientos que a veces asolan,
en esas voces que a veces llegan
con gemido de animal envuelto de soledades.
Y descubre misteriosamente golpeada
la espalda que se aleja,
el cuerpo que viviste en la plenitud...
Está danzando la vida sobre nosotros.
Ayer tomaste de mi sangre
la última secuela de los hijos que abandonamos.
 

sábado, 7 de abril de 2018

Yo no puedo...

 
Yo no puedo alcanzar tan alta tu risa,
se me desprende de los ojos,
como una desnudez o un beso.
Como la alegre visitación de los plenilunios
donde se oyen los cantos vertiginosos
del infinito,
y yerran los hombres por los parques taciturnos,
llenos de oxígeno y fantasmales.
...Y este planeta que no deja de sorprender
a los hijos del río de tu risa,
su fresca entraña,
y ese olor a plenilunio suave.
...En las mañanas de agosto, balanceándose,
enloqueciéndonos, que vamos arrastrando,
ya vencidos ya volteados,
¿dónde dejar tu risa escondida para que bese
y bese, tantas veces como una vibración súbita
en el frescor de unos labios enamorados?
 

viernes, 23 de marzo de 2018

Cabriolear y danzar...


Cabriolear y danzar entre irisadas evocaciones
para que se sueñen hoy los días marchitos,
las lumbres que nos iluminaron
en los caminos buenos escogidos.
Y sentimos que todos los caminos se bifurcan,
que crece la benévola hierba en sus costados,
parece la libertad una espalda de mujer
que va ha enamorar de pronto al viajero.
Se sueña, ¡se sueña tanto! Que a veces la mujer,
volviendo sus ojos, nos devuelve unas cuencas vacías,
y herrumbres de tanques centenarios,
pisando nuestra hierba adolescente,
nos encogen el corazón. Adoloridas pisadas
sienten el incendio bajo el sol vertical.
Pero en lo viejo del alma, la celebración
de esta noche y esta hambruna de pertrechos y harapos
nos ha de cargar el pecho de una postrera
felicidad, inexpugnablemente alegre de creer.
 

martes, 20 de marzo de 2018

Qué extraño...


Qué extraño es sembrar una mirada
tan lejos de la melancolía,
y esparcirse y no morirse,
y caer temblando como caen los dioses
en manos de la lluvia que no cesará,
que no nos dará reposo...
Cual si fuera la iracunda estrella
que mata, que destruye la vida,
si al cabo fueran tan grandes sus celos
por amancebarnos con la soledad,
en este infinito triste.
...Y esta llaga lacerada en el beso
que tanto se extrañó de besar una entraña tuya.
 

sábado, 10 de marzo de 2018

Mi fin son tus ojos...


Mi fin son tus ojos conmovidos,
que duermas... que duermas
a la salida de tu noche extraña,
y recientito el sueño,
tan bonito el sueño,
tan alegres las voces dulces,
te lleguen nanas de arcángeles
y pienses que llego, que estoy llegando
para quedarme pensativo a tu lado,
enigmático y quieto,
tan quieto que has de oír los latidos
de otra casa más grande que mi corazón
en donde te dejarás apresar eternamente.
 

miércoles, 28 de febrero de 2018

Dónde van aquellos pájaros...


¿Dónde van aquellos pájaros grasientos?
Te has sentado en un confín calle arriba
y te serena el sentido de la muerte.
Has llenado la copa del vino rojo y has dormido
con la agobiante mansedumbre que te ilumina,
con el peso insoportable de volver.
Observa los rostros que huyen
a la acogedora lejanía,
en el puerto en el que agitas el pañuelo.
¿No te duele tanto la vida que vas a arrancar
una flor negra en tu jardín?
Sabes el precio, sabes que la tardanza
conoce los pormenores de esta tragedia inminente,
la tragedia que se desenvuelve en tu pecho,
en el árbol detrás del muro, los frutos...
 

viernes, 23 de febrero de 2018

Tú brillabas como la alondra...


Tú brillabas como la alondra
en esa dulzura de las mañanas negras
que la primavera convierte en aguaceros,
y tu risa movía los cielos nobles
hacia el sur de caballos gentiles
dejando en los bosques la noche de su pelo,
el estorbo de un jinete, la luz atrás...
El invierno había pasado como un merodeador
levantando una copa por los malditos.
Y yo no te miraba por miedo
a que se llenaran tus ojos de una antorcha hiriente,
o se alumbrara de alegrías en tus pupilas
una inmensidad constelada,
un vértigo arriba y, abajo, más soledad.