domingo, 2 de diciembre de 2018

He abierto tu corazón...


He abierto tu corazón, vida mía,
y he encontrado una mañana llena de sol,
y una ventana abierta para mi soledad.
Era noviembre, y antes que la mañana
se pusiese fría, esparcí una rosa púrpura,
como queriendo colmar esta alegría
sobre tu corazón bueno y abierto.
No ha habido más pena que perderte
ni más silencioso duelo que el bien
de llorarte, encarcelado entre la rosa púrpura,
en la caja donde guardo tus cenizas.
Me bebo tu alma cada vez que te beso
y el aire que te conoce me dice
que estás presente durante mis noches malas,
y en mi días, en cada trozo de pan repartido,
en cada cada migajita de vida. 
 

sábado, 24 de noviembre de 2018

Si yo me bebiera tu tristeza...


Si yo me bebiera tu tristeza,
las hojas de noviembre mojándote
en esta adoración que no se va.
¿Qué pasaría? ¿Qué sentiríamos?
Si bajo otro firmamento, tus totales ojos tristes,
me miraran de nuevo,
y azulados y ajenos a todo
corriéramos tras los pasos
del sol que vendrá seguro por primavera
¿Qué pasaría? ¿Qué sentiríamos?
 

sábado, 3 de noviembre de 2018

Yo no quiero...


Yo no quiero cantar la canción de mi calle triste.
Yo no quiero romper el hechizo de las lágrimas.
Yo no he caminado tanto para este desenclavado
de los ojos míos en los tuyos evadidos, bárbaros
ojos en sueños, párpados llenos de cosas bárbaras.
Dormir... empezar el rosado sueño de alejarse,
hiriendo al fuego desentrañador.
Las hojas de los árboles manchaban y tiritaban ayer
sobre el suelo abierto con bisturí.
Yo no he querido cantar una canción
sin refutar cada amapola de sangre de mi tiniebla
con las flores amarillas de mi balcón soleado.
 

lunes, 22 de octubre de 2018

Mi horizonte espigado...


Mi horizonte espigado anoche se partió,
en soledad estaba, mirando la destrucción
de mi horizonte espigado,
sin alma, tan muerto sin respirar del aliento
de las espigas inflamadas,
que se amordazó de lágrimas mi noche.
Se avecinó el alacrán, la víbora:
todo estaba durmiendo.
El alacrán... la víbora...:
mi horizonte ya no era hermoso.
Anoche todos los horizontes se buscaban
en tus mejillas encendidas que eran todas las lejanías.
Pero me quedé solo mirando la destrucción...
...Y lloró el águila sobre la raya quebrada,
mis ojos, sin alma, indolentes lo recorrieron.
 

jueves, 11 de octubre de 2018

Qué negra manera de ennegrecerse...


Qué negra manera de ennegrecerse tiene este aire.
Qué sorber de purulencias me engorda.
Por las calles se camina inclinando la frente,
y yerra un perro como yerran las sombras suplicantes.
Parecen cuencas vacías tus ojos.
Por la mañana se habrán cerrado y caminarás
envuelta de verdes anillos,
y extenuada arrancarás una flor porque estarás
sedienta y amarga, 
o caerás en un apilamiento de borrachos
¡Dios mío, qué pesadilla!
 

lunes, 8 de octubre de 2018

Con puños plácidos...


Con puños plácidos de la amanecida despertará
el cerebro donde caló la lluvia una vez riendo,
cuando pensaste que se abrirían las puertas
de un cielo que también reía y bostezaba.
La mañana se rompió en el rosado del horizonte
como una pequeña flor robada y asustadiza,
en medio del firmamento que la enloquecía.
Y dijiste ¡adiós! como una mentira,
como se pronuncian todos los adioses
cuando se adentran las voces en la neblina de la lluvia,
rompiendo el pasado como si no hubiera sido cierto,
ni tan noble como pudo haber sido entonces.
 

jueves, 20 de septiembre de 2018

Extraño tu rosa...


Extraño tu rosa en el pelo adolorida de matinales
soles, tostada como una entraña que se retuerce,
o fija como los dioses que no te dieron la espalda.
Extraño una cabellera negramente dormida
sobre espirales de humo negro y angustioso.
¿Y si acaso la rosa se esparciera?
¡Tanto temo! ¡Tanto voy amasando por el camino
el pétalo que respiraba detrás de mí!
¿Y si Dios enfurecido te negara aquella rosa
que, en tu pelo, con dolor, te construía una espalda
para el fondo de las aguas y cristales de mi sueño?