Lívida una pena, lívido un recuerdo,
transitan endureciéndome el alma.
Rosas, rosas he querido siempre;
...y he querido una sombra.
¡Oh sombras y rosas azules!
Querer sólo... de anhelos de viento he sido alimentado,
y hoy se me ha despertado una mañana.
Ha entrado la luz como disparo
y he vuelto apacible y silencioso,
como el mirar de tus ojos fijos, a errabundos parques.
Entrado el día, la luz como disparo,
ha despertado una mañana en mí
en este invierno, con la pesadumbre de caer
fieramente herido sobre las azucenas.