Ayer
oscureció en las jaulas de los rinocerontes,
cayó
de bruces entre los almendros,
me
aturdió un poquito más adentro que la mirada,
se
fue dejándome en mal equilibrio.
a
mirar los atardeceres, a ver caer
las
cosas importantes, muy lejos,
en
una llanura inmensa de banalidades,
a
ocultarme la vista ante los adioses.
Adiós…adiós…
No
importa si es tu corazón o el mío el que se aleja.