miércoles, 11 de marzo de 2020

Finge que no sabes que me iré...


Finge que no sabes que me iré un día,
en tu jardín mira las rosas,
cubre tus párpados con el barro y con tus lágrimas,
y finge que no sabes que me iré un día.
Duérmete sobre mi pecho,
finge que no conoces nada doliente.
Enfermaré de dicha si me cubres con tu cuerpo,
pero finge y simula que no sabes a dónde vamos.
Simula, por ejemplo, que soy
esa rosa que crece en tu jardín,
y estréchala, muy fuerte, contra tu pecho.
Aromas pasan por mi rostro indescifrables.
 

martes, 3 de marzo de 2020

No volverán...


No volverán los pájaros que emigraron.
Solos en un universo lluvioso
pensarán levemente en el susurro del viento.
Y una noche inmensamente estrellada,
se dolerán del pasado que les cubrió de angustia,
sin saber cómo llegaron
a esta ribera tan triste y brillante de espumas,
sin dolor empapadas de sangre que fue vida.
Entonces sus pensamientos cruzarán tus sienes
como una nube de grasa puerca que fue vida.
¡Decórales su ausencia como decoraron ellos
con trinos el almendro florecido en tu jardín!
 

miércoles, 19 de febrero de 2020

Mirando la noche terrenal...


Mirando la noche terrenal,
no comprendo otra cosa, y me basta.
Sé que están filmándola mis ojos
y me sobra ya cualquier sabiduría.
Quieta, muy quieta es la noche,
sin más esterilidades.
Alas tiene en los costados
para no fascinarme más ya,
y sé que es la noche, la noche quieta.
 
Inmóvil bajo la lluvia,
todo puedo comprenderlo.
 

martes, 11 de febrero de 2020

En un extremo...


En un extremo, bueno será el pan de la lluvia,
en el otro, serás vano para los pájaros.
Los oirás trinar en los esqueléticos árboles de otoño,
incomprensiblemente solos, fríos, alados,
sin tierra ellos, tú sin pecado aquí abajo
de no acariciar las flores malas.
Tan sereno bajo la lluvia,
nos quitarás la pena, aquélla que sabe dialogar con Dios.
Bajo la lluvia hallarás fuertes amigos
que no comprenderán el cansancio
que hoy te produce la vida.
Lo sabes bien, sólo la lluvia será tu alimento.
 

sábado, 25 de enero de 2020

Brazos que se tienden...


Brazos que se tienden para deshojar,
brazos que se abren al sol inminente,
brazos que languidecen para llorar.
A veces, los brazos se tocan a lo lejos,
en una imposible lejanía, y dicen adiós,
y nadie los oye derramar una lágrima.
Por toda la sangre que ha recorrido los brazos,
yo se que fueron vivientes amantes,
y abarcaron con abrazos espaldas luminosas,
y abarcaron el diminuto globo,
en el colegio, una vez, siendo niños,
de este Tierra enamorada de sus hijos.
 

miércoles, 15 de enero de 2020

Tu palabra cerrada...


Tu palabra cerrada murió en mis manos.
Como las mariposas cierran sus alas,
cayó al suelo hiriéndome de pena,
mientras mi corazón salpicaba una gran desolación.
Entonces vi muchos dioses afligidos
cruzando ¿una avenida?... no sé,
¡era tan extraño todo lo que se cerraba!
La bóveda se cerró, los ángeles,
todo quedó tumbado y herido
hasta el alba en que se destrozó el horizonte.
Vino la luz a mis ojos y se clavó la vida,
más viva la mañana entre mis ojos,
que dudó como cuando escapa un maldito,
sin saber, yo, que era en medio de tanto bien.
 

sábado, 11 de enero de 2020

El monte...


El monte que habla de consternación
puede ser una lágrima,
brillante en cada orilla,
y es para mis ojos una preciosa moneda
que se me ha caído al fondo del mar.
Tú me hablas con palabras oscurecidas,
y mi moneda lleva inscrita la respiración
de una noche estrellada para enmudecer.
Sólo el monte y la noche habla, mientras yo callo.
Sólo una moneda extraviada
fue para los ojos de un hombre
una palabra y un hecho que me cercioró
que anduve y hablé y escuché.
¡Oh las brillantes noches estrelladas!