Hay una yegua bajo la luna que oye,
y un espacio imantado entre ella y yo.
Mareado contemplo su belfo agachándose
a por el agua negra que se ensancha y no la oye.
Yo pienso en cosas malas.
El animal es todo oscuridad y también está pensando
en la noche mala.
Mis ojos fijos pueden oír su respiración,
la luna que oye nada sabe del animal
y del agua negra iluminada que tiembla,
perversamente, para ocupar pesadillas.