Este tren que pasa no lo quiero,
quiero el olvido que conozco mejor,
que me pone la paz en la tumba
y deja sencillos los versos
para que los oiga alguien, oscuramente,
en la soledad de un autobús,
con un sinsabor volátil y justo
para un hombre que pasa.
No, no lloraré el fracaso
ni erraré tampoco en la memoria de nadie.