Soledades me ocupan sin fondo,
y si tocaran el fondo, no sería de mis soledades.
Permanezco sentado. Espero el crepúsculo.
No creo en un crepuscular sueño
si en la venida de mi día
no hay un sol para mis ojos,
ojos que han codiciado estrellas resignados.
Constelación del unicornio,
¿tú podrías canjear mi cielo sin sol?
Toda mi vida la veo en el crepúsculo,
y, si ahora la contemplo así,
podría ser porque he nacido otra vez
a las crepusculares visiones, que no me atormentan,
que son como la única paz debida
a un hombre que pasa y nada se lleva.
¡Abridme las cortinas! Necesito respirar el mediodía.