Cuando te abres sinceramente abierta
y me entregas el agua que estalla en tus manos
y soy el que soy en esta playa
junto a las olas que se acercan y hablan
y ese aullido que no termina en tus ojos
cruza el firmamento y se extiende como cobijo
en las alturas y abajo sobre la sal que huele
entonces, mujer, sé que estás hecha de espirales
que llora oxígeno del mundo
y no abandonarás este quehacer de fuego
de fuego, de fuego y agua
que descorre una tormenta en el cielo
haciendo de pan mojado la tierra empapada