Por las noches si yo sediento me veía
¿de qué sed era la mía?
Si yo era hombre de verdad
si en mi costado sangró una vez una herida
si caído me puse en pie
¿de qué sed era la mía?
Callado, callado, callado
sin saber de qué sed era la mía
Por las noches si yo sediento me veía
¿de qué sed era la mía?
Si yo era hombre de verdad
si en mi costado sangró una vez una herida
si caído me puse en pie
¿de qué sed era la mía?
Callado, callado, callado
sin saber de qué sed era la mía
Eres como los adioses bienaventurada
como la palma de mi mano dichosa
como los labios que besan dichosa
Porque es seguro y saben que volverán
los labios a besar, las palmas a nuevas salutaciones
secretamente es seguro y conocen
su sed de primaverales cielos perpetuos
mujer tan alta que cubre de sombras
de inciertos adioses a los ausentes
que en las despedidas vomitan golondrinas
y memorias de regresos
manchados de alas y oscuros vuelos
que alegrarán los enloquecidos cielos
Bellos los hombres que se levantan
hombros fuertes que se levantan
perros que ladran con su rabioso cielo
que temblaron como niños
y que en un amanecer cualquiera
se dijeron que eran hombres, y el grito
que les rompía el pecho
era un boquete de valles y gargantas
Prepara tu valija pronto y vete
no esperes a la aurora soñadora
sé espiga en los campos cuando se doren
sé un tañido fúnebre de campana
vida y muerte abigarradas
tu cuerpo es bello para vivir y morir
sabrán llorarte
pero nunca te resignes al bien morir
ni a una mala hora
conocerás el final del horizonte
te harás muchas preguntas sin respuesta
sé sólo hombre, perdedores somos todos
no esperes a la aurora soñadora
sabrás cantar lo hermosa que fue tu noche
Llorando por cosas mías
cosas que no vinieron
cosas que se quedaron atrás
Mirando la lejanía
volvieron sobre sus cuerpos
y entre las cosas lejanas
no encontraron nada, nada
Aquellos hombres partieron
hacia otros países
y esperaron siempre
y nadie los esperó
Se borraron los países
y sus recuerdos se diluyeron
en el agua pura para morir
en un charco
El cerebro incesante
la lluviosa carnalidad
que observo ínmovil
durante milenios
fijos los ojos en ti
sangre que te recorre
olor a sangre bendita
carne que me llama
por el aire, por el fuego
y rompes el dominio
de mi mente
cubierto por la tierra
te adora el caído
con su veneno y sangre mala
en un despertar
innumerablemente cautivo
La frente al socaire se abre
a las golondrinas que ya llegan
con sus alegres salpicaduras
que laceran y refrescan
En la mar todo es sencillo
¡Ese aire que huele a otras épocas…!
Negras me conducen a lo más blanco
...y parece que laceran ...y parece que refrescan
Llore o ría quien lo necesite
parece hablar el mar profundo