Cuando caen de nuestra pobreza los bienaventurados
los benditos que nos llamaban a las calles
los rudos que nos llamaban a las montañas
y se escriben las historias sin que nos siga la vida
sin que haya palabras con un honroso pasado
y no podemos abrir la boca sin escupir sangre
y babeamos nuestra dicha de no ser casi nadie
y empleamos nuestro dinero en chocolatinas
cuando nos sonríe desde el cristal una nube de polvo
de alguien que vivió y ya no es
y yo piense en mí y piense en vosotros
Jadeante exhausto hombre que seguirá andando
tendré que parecerme vano a una cosa