Eras una casa grande
y yo entraba
eras el muro blanco
y descansaba yo mi hombro
me vi sediento
y allí encontré agua
casa grande, muro blanco y agua
se parecían solo a ti
solo tú madre
Eras una casa grande
y yo entraba
eras el muro blanco
y descansaba yo mi hombro
me vi sediento
y allí encontré agua
casa grande, muro blanco y agua
se parecían solo a ti
solo tú madre
Mis manos arden sin deseo
deseo un poema ardido en las cumbres
viajan por el deseo mis manos
en las cumbres mis manos arden
yo con tanto frío y ardidas mis manos
he venido a abrir un camino en la nieve
deseo un poema que arda sobre tu sexo
arriba en una cumbre un poema ardido
sin deseo obligo hacia tu sexo mis manos
y no hay respuestas:
habla Dios en otra lengua
Todo lo incomprensible, la nieve incomprensible
la montaña inaccesible
Tu espacio jubiloso donde caes
los azules te rodean
corres feliz a través de los montes
posees un sediento espacio
ese sol que se alza y cae
esa niebla blanca que te suspende en hilos
el valle de los adioses inundado
tu eres tu propio comienzo
expandido tu eres tu propio comienzo
naces ahora
piensa en la belleza que te rompe
Ayer, ayer, ayer fueron los sueños
Obligado a un manantial
Por tu llanto van los cielos
lugares que no has pisado
cielos que no se enturbian
la bóveda entera que transige
hacia tus ojos con lágrimas
Yo te he visto alguna vez
mientra el equilibrio ardía
y todo era lleno de párpados
y lumbres bellas, por tus ojos
que no han visto mi noche
Con cuatro patas trotaría yo
Tras de ti con cuatro patas
Me adentraría en el bosque
Ridiculizando yo a las balas
Tras de ti con cuatro patas
Bailaríamos sobre la mesa
Con cuatro patas te impresionaría
Me demoraría cual luna
dando vueltas a la Tierra
Bailarinas vendrían a verme bricar
El estómago de la montaña
se tragará el perfil somnoliento
y las voces de tus monedas
Cuando vomite asquerosamente
serás nieve y lagañas en sus párpados
blanco, blanco será en tus sienes
el pensar que vacila
sobre tu sombra que montarán
las grises nubes con un galope
lento como pesadilla en la fiebre
y un manantial en tu frente
y el viento del norte
hervirá para refrescarte
de tantas cucharadas de sal que tomaste
para darle gusto y olor a tus lágrimas
En el campo grande
sobre el río turbio
vienen a llorar las jovencitas
el amor roto, el primero
el último si no conocen
sus melenas rojizas con sol
y otro atardecer más abierto
Sus pesadillas son así
cándidas y labriegas
en los desiertos trigales
del campo grande
del río turbio
en un atardecer que cobija
un amor como los que se cuentan