Tengo el pensamiento de una ansiedad llorando
como la sal que colma mi lengua herido
por los campos gritando y arrastrándose por arenas
herido de algo que le ha ido quemando el paladar
Y ríe no obstante el árbol tronchado de mi boca
en un camino dorado que arden el sol y la luna
Y piensa noblemente en las rosas
y tan vagamente en los abundantes dioses de ahora
que la rosa que lo satura y con ansiedades lo hiere
con cuatro paredes ha hecho una cárcel de amor
para su libertad, para no matarlo con una lágrima
gélido y derribado en las calles del amanecer