domingo, 28 de diciembre de 2014

Hasta el vientre manantial...

Hasta el vientre manantial, hasta el beso cerrado de la vida. Llego cuando el horizonte me colma de luminosos ojos claros la llegada. Por mi vereda, que es sencilla, que es el alma de un pájaro que no huye de los inviernos y es acariciado por el sol gravemente caído hacia el sur. Veréis la ofuscación que me ciñe y más abajo el mar que siempre he temido. No sé… Traigo una herida en el pecho y voy sangrando en medio de esta preciosa tempestad que me agita. La tensión de mi arco, considerarla porque sobrevivirá a mí. En el viento dejo una mirada excesiva cual látigo. Veréis que he estado siempre entre vosotros. Veréis que se pueden leer mis ojos en todos los ojos. Y veréis en ellos que la raza humana engendra a sus hijos para la tempestad y la iracunda inmortalidad.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Ayer soñé...

Ayer soñé que estaba amando. Era de noche y brillaba mi cuerpo enfermo de luna en lo oscuro. ¡Cosas del adormecido! Cuando llegó la mañana, estaba muerto mi sueño y yo seguía soñando, ya despierto de mi sueño de rosas rojas, con un temblor en los labios del crimen de mi sueño enterrado. ¡Amores que el vapor de la noche arrastra cual gotitas de un manantial de no se sabe dónde brotado! ¡Agua de lágrimas que no desembocan en el mar!

sábado, 22 de noviembre de 2014

Yo quiero el mediodía...

Yo quiero el mediodía para concebir mi sombra y una primavera disparada contra mi frente. No estaré expectante si llega el otoño difunto a los bosques, y saludaré a las sombras alargadas de los cipreses y a los individuos vespertinos como a una fuente en que refrescarme. Cuando emigren las aves me quedaré en pie mirando ideal su horizonte cargado de adioses. Y cuando me olviden los que me amaron y sea un otoño irreflexivo quien tienda su mano desde el poniente, trabado a una cintura de mujer, no sabré qué desventura puso en mí esta lejanía con inexorable límite, y dejaré en mi parque florecido los restos de la pasión que me arrastró ciclónica en vida mientras yo creía que vagabundeaba y caminaba, y equivocado daré mis últimos pasos como quien marcha hacia una rosa desmesurada y fresca.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Duerme...

Duerme, y el velo la preserva. Calla, y está diciendo adiós. ¡Ay, si yo entendiera esta noche que nos oscurece y nos muerde! Manoseando las flores amarillas vamos lentos hacia la muerte. Pensativos, un camino nos lleva imantados. Vamos… ¡qué sé yo! a una herida en el fondo milenario de un pecho que erró. En las cumbres, la inmovilidad de los sueños es como un cabello a punto de quebrarse. ¡Amor que surge riendo y al alba medita oscura!, en breve traerás en el costado una flor roja, como la vida roja, como la sangre. Ella ha sobrepasado y saltado la mancha derramada del sueño, y no me la han arrebatado.

sábado, 18 de octubre de 2014

Rosas negras no las quiero...

Rosas negras no las quiero para mí. Enviadme por el aire el agua de vuestros pensamientos, que alma tienen hasta las piedras pero no las rosas negras. Porque si me traéis pensamientos y agua, yo os sonreiré. Porque, de esta manera, no tendré riqueza mayor. Porque un dios opulento (lo sé) pesará pronto el oro de mi alma que sonríe, y abrirá todas las ventanas y puertas de su casa, y evocará, con el alma de las cosas que queden fuera y dentro, una rosa blanca.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Ha caído el imperio...

Ha caído el imperio que habíamos codiciado. Ahora pienso: ¿Qué me aguarda? El cielo se nubló de aluviones y negras puntas de flecha. Eran duros los inviernos aquí. Constantemente la lluvia barría las noches empobreciéndonos. Y soy yo quien se pregunta ahora: ¿Qué me aguarda? Codiciábamos las espirales de vapor que cubrían el levante pigmentado. En nuestras manos teníamos la soberanía que hendió sexos de mujeres morenas. Anduvimos muchos años delirantes tras la leyenda del rayo silencioso. Y ahora me pregunto: ¿Qué me aguarda? …Y tememos a nuestra nueva o fronteriza voracidad. Y sabemos de hombres que murieron acuciosos y conmovidos de su infelicidad.

lunes, 25 de agosto de 2014

Sigo una estrella...

Sigo una estrella que me tira del corazón. Enamorado hago un camino enigmático por la sombra. Pero a veces me parece que perderé su estela o que mi estrella será derribada por un disparo de Dios, y mi destino, mutilado de guía, ya no me hablará de campos espigados que alcanzar donde el horizonte mudamente te mira con viejos ojos. Mi estrella es casi ínfima en el cosmos, pero palpita en las noches de verano y observa mi absurdo desconcierto cuando las nubes cruzan el cielo aborrascado en invierno. Es oscuro seguir un camino que uno no ha elegido. Y a veces me parece que perderé la guía de su estela en el cielo. Pero el alma humana es así de grande y caben en ella desde una inmensidad de dura materia hasta el fracaso declarado en unos ojos diminutos.