Hambre, metrópoli y espera.
Contra el poniente,
mi alma de carne y de hambre.
Sobre el ojo, el relámpago
golpeando…, golpeando.
Y mi herida, que es una boca
que atrae tu boca,
por un corredor nocturno,
por un deseo rudo,
deja entrar al mundo
en el beso.
Tu pecho
descansa y brilla.
Han nacido
sombrías estepas
después del
beso.
Presentimientos
que uno calla
para,
de alguna manera, decir ¡basta!