domingo, 31 de diciembre de 2017

La carretera...


La carretera entre los girasoles,
el patio blanqueado, la translúcida uva,
todo se ha quedado dormido,
huido de la malaria de mis manos,
huido de los cadáveres, y un estruendo
de sombra bajo los pies
a golpes secos contra la luz...
He huido con miedo
de acariciar el muslo a esta diosa estridente,
su luz y su memoria.
Pero entre los girasoles, esta carretera,
presiento que me ha buscado siempre.
Alas en fuga en una carretera que mira deidades.
Brutalmente me cubre con su luz
y me siento en paz bajo la lluvia súbita
que no podrá purificarme.
 

lunes, 25 de diciembre de 2017

Vengo de una honda estrella...


Vengo de una honda estrella
que se quedó en tierra.
No tuvo alas para anclarse
en la cúspide donde mis ojos miraban soñadores,
y se estableció en una cueva,
por vergüenza o deshonor
o falta de aliento.
Y no batió sus alas hacia lo alto,
bajó la cabeza,
y los bichos del suelo rindieron
todas sus fuerzas y toda su inteligencia
y todo su candor para soñar con lo altísimo.
 

sábado, 16 de diciembre de 2017

Entrando voy en un infinito...


Entrando voy en un infinito raro,
con heridas de un pasado infinito.
Entrando con vómitos voy
a la única luz que descifran mis ojos.
Solo, y con sangre en alguna parte
de mi frente, derramándola.
Solo, sin compañía, yo,
entrando en un infinito raro...
Y de mis sueños extraigo en un cáliz
la bebida amarga de mi otoño
como una rosa enjaulada
que no palpita con la utopía de la libertad,
que se niega a ingerir
su ración diaria de pan festivo,
y su columna donde apoyarse
erguido mirando al sol.
Digno y definitivo en la creación.
 

sábado, 25 de noviembre de 2017

En el viento hay dolor...


En el viento hay dolor.
En la oscura noche que estranguló a los taxistas,
todo es raro y veneno.
¿Quién sabe dónde anda la mujer que se excitó bajo la lluvia?
Aquí hay gente dormida bajo los plásticos,
la pesadilla del violador es esta soledad en la metrópolis,
nocturnamente viajada por el hastío.
Duerma el lobo
en la noche enferma del cazador.
Junto a los vientres calientes de tus hembras,
duerma el lobo.
Viaja por esta maldad de rarezas y veneno,
y no te atrevas a conciliar el sueño sin tu cuchillo.
En el viento descansa el dolor
como una lumbre sencilla y misteriosa
que está abatiendo las caras,
y, a las palomas, deshabita de sus almas.
Todo está huyendo bajo esta lluvia.
Y esta noche,
por años, por lustros, sigue ardiendo.
Entrégame esta rosa incomprensible de la oscuridad.
 

jueves, 23 de noviembre de 2017

Un dolor bajito...


Un dolor bajito en el pecho
para sentir mucho.
Una estrella en el cielo
que le contemplase cuando llorara.
Una manera en los ojos
de no mirar a la Muerte.
Tres deseos tuvo el hombre cuando fue niño
que le rompieron el alma.
Otras cuerpos sintió al lado,
otros senderos para mancharse de barro los pies
recorrió.
Y el hombre nació nuevo con la luminosa mañana,
diluido y bañado
como una constelación que se rompe
y empieza otra vez a relumbrar,
impenetrablemente.
 

viernes, 17 de noviembre de 2017

Mi corazón dormido...


Mi corazón dormido a veces entra
en lo dormido del mundo.
¡Mi corazón latiendo hacia fuera!,
no tengo otra cosa.
Hay latidos míos que valen una esperanza
y otros percuten, nada más.
Y no tengo otra cosa.
Pero mi corazón no vale ya para tu amor,
lo poco que habitó en mi pecho
lo enterré en algo dormido,
en algo sombrío mientras cantaba,
mientras caía la arena que lo abrigó.
¿Fue ayer o fue ahora, mi corazón?
 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Ideo cosas que huyen...


Ideo cosas que huyen.
Funerario, las veo morir lejanas,
las oigo extirpar el último latido.
Benigno, me tiendo junto a ellas,
y duermo sin el dolor de ayer.
Huir, huir es reventar la muerte,
hechizar al universo con un agravio:
Decir “hasta luego”
y llorando eclipsar al amigo,
y al enemigo pobre de versos.
Adioses digo que manchan las estrellas.