Latidos de un gorrión yo los sentía arriba.
Noviembre purísimo expiraba deshabitado,
...y el corazón aquel el viento se lo llevaba,
lo arrastraba con sabiduría lejos,
quería dejarme solo.
Y yo, tan pobre de amigos, vi cómo se alejaba,
el viento quería dejarme solo,
con pena de no oírlo ya nunca más,
sin sabiduría y sin gloria
de aquel latido purísimo desposeído.