Si el viento no rotara.
¡Ay, la pena
de no entender
nada!
Si no orientaran el cielo.
¡Ay, madre,
sin anochecida,
cómo volviera!
Si yo no fuera yo.
¡Ay, qué solos
yo
y mi Dios!
lunes, 30 de julio de 2012
jueves, 26 de julio de 2012
Hay labios pálidos en la niebla...
Hay labios pálidos en la niebla vespertina.
Se esconden en corredores magníficos,
pero yo sé que están ahí, con un adiós caprichoso,
balbuceado, y con manos lívidas y torsos frescos.
Labios llorados también en estivales atardecidas,
y que vienen tan cansados del mundo que se entregarán,
yo sé que se entregarán -¿a un beso?-. Tal vez me engaño.
¡A una hoguera que culebrea y reparte migajillas de pan!
¿Cuál es la sed que abrasa al mundo?
A veces, me asaltan sueños de inmensidades y soledad.
La noche intensa es mala... ¡Qué usado está el cielo nocturno!
Mujer que ríes, ¿sabrías beber mi última inmortalidad?
Se esconden en corredores magníficos,
pero yo sé que están ahí, con un adiós caprichoso,
balbuceado, y con manos lívidas y torsos frescos.
Labios llorados también en estivales atardecidas,
y que vienen tan cansados del mundo que se entregarán,
yo sé que se entregarán -¿a un beso?-. Tal vez me engaño.
¡A una hoguera que culebrea y reparte migajillas de pan!
¿Cuál es la sed que abrasa al mundo?
A veces, me asaltan sueños de inmensidades y soledad.
La noche intensa es mala... ¡Qué usado está el cielo nocturno!
Mujer que ríes, ¿sabrías beber mi última inmortalidad?
domingo, 8 de julio de 2012
Ya está debajo del umbral...
Ya está debajo del umbral melancólica y huida,
ya se escuchan en el rostro el paso de las lágrimas.
¿Hacia dónde huye? Ostenta en la frente una memoria
y un deshabitarse, reñido frente a la luz amarilla,
que aspira el olor de la rosa negra
en el suave aliento que se desentierra en la lejanía.
¿Qué luz me llega en las flores de abril
que no sé si es el amanecer o es una anochecida?
Pero me basta un latido en el pecho y en ese rincón
de la cama que no ve borrarse la débil primavera.
Nos embriagó un jardín oliente para no entender
de flores marchitas o bendecidas de esencia.
¡Qué blanco es el deseo de día y de cuánta luna
se prolonga en la oscuridad de la melodía nocturna!
¿Está llorando o canta un apogeo o una decadencia?
ya se escuchan en el rostro el paso de las lágrimas.
¿Hacia dónde huye? Ostenta en la frente una memoria
y un deshabitarse, reñido frente a la luz amarilla,
que aspira el olor de la rosa negra
en el suave aliento que se desentierra en la lejanía.
¿Qué luz me llega en las flores de abril
que no sé si es el amanecer o es una anochecida?
Pero me basta un latido en el pecho y en ese rincón
de la cama que no ve borrarse la débil primavera.
Nos embriagó un jardín oliente para no entender
de flores marchitas o bendecidas de esencia.
¡Qué blanco es el deseo de día y de cuánta luna
se prolonga en la oscuridad de la melodía nocturna!
¿Está llorando o canta un apogeo o una decadencia?
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