miércoles, 30 de abril de 2014

La mujer que yo vi...

La mujer que yo vi, iba enseñando sus manos feas. Nadie querría casarse con ella teniendo unas manos tan feas. Las abría, las cerraba, y parecía quejarse el aire donde habían estado en suspensión. Yo las vi y fueron como un golpe rojizo contra mis mejillas. ¡Qué sola y qué amarga vida de soltera! Con sus manos podría haber hecho una mordaza para pisar todas las bocas de los hombres. Pero ella se dejaba. Sus manos, sus manos feas. ¡Qué sola y qué amarga vida de soltera!
   -¡Niña! ¿Alguien posó en tus manos las suyas?
   -Sólo mi mano izquierda en la derecha, señor. Me conformo.

martes, 29 de abril de 2014

Vengo de unos ojos que ardieron...

Vengo de unos ojos que ardieron en la inocencia. Como a ti me estremecen los labios y el mundo cuando despliega su misterio azul y sanguinolento. Amargamente observo mi cara en el espejo avanzando. Sé que tengo que morir y sé que reconoceré la hora. Flores saltan de mi pecho poniendo obstáculos a la tristeza. Pero yo, que amé tanto la llama que me encendieron y me asignó el tamaño del dolor de la espada, tan calladamente hundiéndose en mí, a veces siento que mi alma pasó lejos y liberada, igual que el amor que como un beso dulce entregué a los dientes de la muerte.

domingo, 13 de abril de 2014

Yo no sé dónde...

Yo no sé dónde se han escondido las mañanas. Porque mi noche es grande y hace frío, he venido tras el olor de la luna a deshojar esta flor infundida de tan poca de luz. Pero no sabría decirte. Yo no sé dónde se han escondido las mañanas. Fueron vivas fuentes de claridad y se extinguieron. Como yo la luna las olvida ahora. Deshojando una flor blanca pierdo la clemencia igual que si cortara arena. Yo no sé dónde se han escondido las mañanas. Se apagó su grito de lealtad. Perecieron o sin dificultad las asesinaron una por una. Quiso el hombre, aquí, hacer algo parecido a un infierno.

martes, 8 de abril de 2014

Está mi corazón latiendo...

Está mi corazón latiendo en una noche de estrellas distorsionadas. Descanso la vista en lo descomunal y no sé qué trastorno de la bóveda las vuelve dichosas, mientras yo canto una historia de amor triste. El alma se deja caer. El corazón salta del torso. Mis ojos se cargan de lágrimas. Y no hay adhesión, abajo o arriba, que me acompañe. No estarán solas las avecillas del amanecer. Habrá otros mundos iluminados por un sol en el levante. Soñará la fuente seca con niños que beben y juegan en ella. Pero aquí un hombre repetirá su canción triste y soportará esta alegría inmensa que no cesa de caer empapando al mundo. ¿Quién obtendrá las fuerzas que resistan el empuje de esta embriaguez? ¿Sabrá alguien de este rincón oculto en lo ilimitado donde un hombre se rebela para llorar a solas? ¿Será que ya no tiene alma? ¡No habrá secreto mayor ni mejor guardado!