Hasta el vientre manantial, hasta el beso cerrado de la vida. Llego
cuando el horizonte me colma de luminosos ojos claros la llegada. Por mi vereda,
que es sencilla, que es el alma de un pájaro que no huye de los inviernos y es acariciado
por el sol gravemente caído hacia el sur. Veréis la ofuscación que me ciñe y
más abajo el mar que siempre he temido. No sé… Traigo una herida en el pecho y
voy sangrando en medio de esta preciosa tempestad que me agita. La tensión de
mi arco, considerarla porque sobrevivirá a mí. En el viento dejo una mirada
excesiva cual látigo. Veréis que he estado siempre entre vosotros. Veréis que
se pueden leer mis ojos en todos los ojos. Y veréis en ellos que la raza humana
engendra a sus hijos para la tempestad y la iracunda inmortalidad.
domingo, 28 de diciembre de 2014
lunes, 1 de diciembre de 2014
Ayer soñé...
Ayer soñé que estaba amando. Era de noche y brillaba mi cuerpo enfermo
de luna en lo oscuro. ¡Cosas del adormecido! Cuando llegó la mañana, estaba
muerto mi sueño y yo seguía soñando, ya despierto de mi sueño de rosas rojas,
con un temblor en los labios del crimen de mi sueño enterrado. ¡Amores que el
vapor de la noche arrastra cual gotitas de un manantial de no se sabe dónde
brotado! ¡Agua de lágrimas que no desembocan en el mar!
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