El cerebro incesante
la lluviosa carnalidad
que observo ínmovil
durante milenios
fijos los ojos en ti
sangre que te recorre
olor a sangre bendita
carne que me llama
por el aire, por el fuego
y rompes el dominio
de mi mente
cubierto por la tierra
te adora el caído
con su veneno y sangre mala
en un despertar
innumerablemente cautivo