Yo quiero el mediodía para concebir mi sombra y una primavera
disparada contra mi frente. No estaré expectante si llega el otoño difunto a
los bosques, y saludaré a las sombras alargadas de los cipreses y a los individuos
vespertinos como a una fuente en que refrescarme. Cuando emigren las aves me
quedaré en pie mirando ideal su horizonte cargado de adioses. Y cuando me
olviden los que me amaron y sea un otoño irreflexivo quien tienda su mano desde
el poniente, trabado a una cintura de mujer, no sabré qué desventura puso en mí
esta lejanía con inexorable límite, y dejaré en mi parque florecido los restos de
la pasión que me arrastró ciclónica en vida mientras yo creía que vagabundeaba
y caminaba, y equivocado daré mis últimos pasos como quien marcha hacia una
rosa desmesurada y fresca.
sábado, 22 de noviembre de 2014
lunes, 3 de noviembre de 2014
Duerme...
Duerme, y el velo la preserva. Calla, y está diciendo adiós. ¡Ay, si
yo entendiera esta noche que nos oscurece y nos muerde! Manoseando las flores
amarillas vamos lentos hacia la muerte. Pensativos, un camino nos lleva
imantados. Vamos… ¡qué sé yo! a una herida en el fondo milenario de un pecho
que erró. En las cumbres, la inmovilidad de los sueños es como un cabello a
punto de quebrarse. ¡Amor que surge riendo y al alba medita oscura!, en breve
traerás en el costado una flor roja, como la vida roja, como la sangre. Ella ha
sobrepasado y saltado la mancha derramada del sueño, y no me la han arrebatado.
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