viernes, 2 de enero de 2015

Acaríciame las mejillas...

Acaríciame las mejillas como a una novia, padre sol, demórate en mi rostro cuando me vacíe de credulidades y beba yo de tu secreto renovada la quimera que me instiga. Que en mi fragilidad esté siempre el corazón sencillo que parte el pan cotidianamente. Y hazme alma de tu mirada evidente y haz razonamiento descalzo de mi pobreza. Que confundido ore arrodillado aquí abajo sin despreciarte, yo que siempre había dormido mientras excitabas mi frente y repudiaba tu mensaje extensísimo; padre sol que destapas el secreto de la vida para oscurecernos la sabiduría.