Me postraré sólo ante el perro
que dormita en las afueras,
con su ayuno y su haragán floresta
de pulgones, en la primavera
de su lomo nauseabundo
que besaré cual una violeta, bella,
tierna destacando en el mundo enredoso.
¡Pariera un vientre tibio esta quimera
sobre un cementerio de muertos lavados,
la que el corazón a su lomo alimenta
de pena robusta y sangre buena!