viernes, 29 de marzo de 2013

Tan dulce en la niebla...

Tan dulce en la niebla,
morías con una angustia
devorada en lo oscuro,
sin llanto. Súbitas
espadas laceraban libres
y locas tu espalda,
y para el recuerdo eran
cual metálicas y amnésicas danzas.
Recogiéndote la melena
yo recordaba otras lontananzas,
memorias rotas
que arden aún lejanas,
tan lejanas como esas canciones
que han reinado soberanas
solamente una noche,
en el vaho del cristal
o en un misterioso umbral.

jueves, 21 de marzo de 2013

Viendo tu cuerpo tan herido...

Viendo tu cuerpo tan herido,
acabándose y padeciendo bajo el aguacero,
cuando el mundo más ignora que es dolor de amante,
y sube hasta tus ojos una aflicción de prisionero,
y empieza la vida y la destrucción
a recorrer la espina dorsal en taciturno beso.
Entonces, cuando el deseo y el infinito transigen,
y duermo en la noche con mi amor ciego,
helándome de un misterio brumoso,
paciendo sobre mi pena sin consuelo.
¿En qué hora feroz te hablase entonces,
mujer tendida en mi rostro y en mi cielo?

domingo, 10 de marzo de 2013

Del animal ensangrentado...

Del animal ensangrentado y su sufrimiento,
de su morada aquí, y con la que no comercia,
esta manera de ser fiel al dolor y una obstinación
hincada dentro, el rayo que cruza a mí bestia,
cargo tal vez la pobreza de alma
y, en los ojos sin brillo, mis amarres a la Tierra.
No sé más de mí sino este trastorno de mi linaje
que aparece de pronto, y me marea,
ensalivando la boca que me desentierra de un sueño.
¡Pobre rencor en mi dentellada siniestra!

domingo, 3 de marzo de 2013

Aguardando una promesa...

Aguardando una promesa de ebriedad, entro en la lluvia.
Es entonces cuando esa boca de gloria abierta en la ciudad
bebe conmigo del vino dulce y dudoso.
No es más que un lienzo bienaventurado y sin legitimidad,
pero ¡qué paz sobrada y qué ilusorio encanto hocica contra mí!
Y entonces, cuánta admiración vana me regocija.
La lluvia; el lienzo. ¡Nada! Tal vez, algo que queda
aplazado. Pero el poeta que no sabe, el poeta que no comprende
revoca al rostro de la tarde su corazón enajenado.
¿Un perfume acaso?... ¡No! ¡El alma de tanta alma!
Hoy dormiré sobrecogido (si conciliase el sueño)
tiritando y barrido por visiones que campanearon después
                                                                          [de un después...