Por si pudiera callarse
el agua y el plácido cielo azul amurallarse, y del barro del fondo de los ríos no
se pudiera liberar la belleza, y la montaña que da sombra y el avecilla en el
árbol no me persuadan que soy dueño al menos de mi consciencia, dejadme
llorando en el suelo, y borracho, y con mis vómitos. Dejadme llorando porque
será la hora en que deba abandonar mi casa blanca del camino, cargar la mochila
al hombro y echar a andar como un mozuelo. Decid, cuando no me veáis, que me
asustó la idea de reconocerme en el espejo, y, en un cristal diamantino, ser
multiplicado. Decidlo para que nadie entienda que volví a la pobreza de mis
pies descalzos, y un duro camino por delante que consumir.
domingo, 28 de febrero de 2016
miércoles, 24 de febrero de 2016
Era hermoso sentir el sol...
Era hermoso sentir el
sol frontalmente ubicado. Y era como una dentadura cuando planea un beso. No lo
había vuelto a nombrar desde la semana pasada. Se orientó contra mí y yo cerré
los ojos para que aquel beso perdurara como el recuerdo del primer hallazgo del
amor. Digo que tuvo la rudeza de las dentaduras pues atravesó mi frente para
buscar mi virginidad. Desafortunadamente tuvo también que morir dejando oscuro
el mensaje de conciliación pactado con los árboles esqueléticos en otoño y la
fuente de un parque viejo. Éramos trotamundos de una siesta desértica y también
el equilibrio invisible (ahora lo entiendo) entre los abismos. Nada que ver
acaso uno con el otro, pero sentimos al tiempo un rastro gigantesco y un grosor
fenomenal de vida pasar al lado nuestro, interrumpiendo por un momento la tarde
vana que nos vio jugando a los placeres del espíritu.
viernes, 19 de febrero de 2016
Crujidos de pisadas
Crujidos de pisadas en
la hierba seca y ruido de cuchillos. Con opulencia una mirada vertical a los
cielos evoca benignas estrellas. No sé. El viento enamorado está soplando sobre
azucenas blancas, y murmura preguntas, y pasa de largo sin que yo entienda ni
pueda. Dos destinos sobre la cabeza de un hombre. Jugando está la muerte con
magnitudes extrañas. Yo quisiera llorar hasta abrirle grietas a las piedras.
Destino que quiere soplarme un veneno. Ojos también que me buscan, más allá de
la bruma, para sonreírme.
martes, 2 de febrero de 2016
Mi pena hermoseada...
Mi pena hermoseada de
flores… ¡Cómo enjugan los cabellos tuyos las lágrimas que serán pisadas! ¡Y qué
amargo es el barro que entiende de cuchillos y de calzado tras las puntas del pelo
lisonjeado que arrastras! Pero tienen las flores algo…, qué sé yo, un dolor de
cantos apartados en el cosmos cual si le doliera parir el universo, tan
callado y templado, y todo lo descomunal como barro. Yo que solamente he nacido
para evidenciar un cerebro, ¡tan poco doy! Pero mírame apoyado en la ventana
que contempla las constelaciones del Este, y ven y llora conmigo por lo tanto
todo lo que queremos, para ti y para mí, en una noche sin Dios y el universo
absurdamente vacío.
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